Crítica Analítica Literaria:
A partir del poemario Poesía ínfima de Nivardo Córdova Salinas, en la
versión publicada por Fastos, Revista de Poesía, N.º 67, agosto de 2026.
La lectura considera tanto la arquitectura del conjunto como sus procedimientos
formales, sus núcleos simbólicos, su dimensión existencial, su relación con la
memoria y el tiempo, y sus principales logros y tensiones estéticas.
POESÍA ÍNFIMA:
poética del silencio, la memoria y la desaparición
Una lectura crítica de la
escritura de Nivardo Córdova Salinas
1. Consideración inicial: una
poesía que se presenta como “ínfima” para hablar de lo esencial
Poesía ínfima, de Nivardo Córdova Salinas, es un poemario cuya
aparente modestia nominal encubre una ambición estética considerable. El título
constituye, desde el inicio, una declaración poética y, simultáneamente, una
estrategia de lectura. La palabra “ínfima” remite a aquello que ocupa el
lugar más pequeño, lo insignificante, lo desprovisto de grandilocuencia; sin
embargo, el contenido del libro se orienta justamente hacia las dimensiones más
vastas de la experiencia humana: el tiempo, la pérdida, la memoria, la soledad,
el amor, la identidad, la muerte, el lenguaje y la imposibilidad de comprender
plenamente la existencia.
La presentación de Julio Aponte identifica
precisamente esa paradoja al caracterizar el título como “visceral e irónico” y
como una aparente renuncia a la “gran poesía culta” para reivindicar una
escritura sencilla, cotidiana, nacida en espacios comunes como calles, bares,
playas y plazas.
Pero conviene ir más allá de esa primera
definición. Lo “ínfimo” en Córdova Salinas no es solamente lo humilde: es lo
reducido a su mínima expresión antes de desaparecer. La poesía parece
surgir allí donde la experiencia ya no puede sostenerse mediante grandes
discursos. El sujeto lírico habla desde un espacio límite: cuando el recuerdo
se deshace, cuando el amor ha quedado sin nombre, cuando el tiempo se convierte
en prisión y cuando la palabra amenaza con transformarse en silencio.
De ahí que uno de los versos inaugurales —“Decir
algo en vez de callar”— funcione como una auténtica poética de apertura.
No se trata simplemente de escoger entre hablar o callar. El problema central
del libro consiste en descubrir que hablar es una forma de enfrentarse al
silencio, pero también una forma de comprobar su existencia.
La poesía, entonces, no elimina el silencio: nace
de él.
2. La
arquitectura profunda del poemario: una unidad construida sobre recurrencias
Aunque Poesía ínfima está compuesto por
poemas independientes, el libro alcanza cohesión mediante una compleja red de
motivos recurrentes. El índice ya permite advertir una trayectoria temática:
“Decir algo en vez de callar”, “El mar del que quisimos olvidarnos”, “Mi
silencio es ámbar invisible”, “Por qué el corazón claudica ante los años”, “El
día comienza cuando duermes”, “Predestinado a desaparecer”, “Me duele no
hablar”, “Hoy comprendo que soy prisionero del tiempo”, “El poema me busca
encontrándome”, “Hoy más que nunca deseo morir”, “Retener el dolor” y “Este
cuerpo agoniza”, entre otros.
Esta secuencia revela una estructura que podría
describirse como circular y descendente.
El libro comienza con la necesidad de hablar y
termina con un sujeto que se ha hecho “merecedor del silencio, de los gritos y
de esta bruma fantástica” que se cierne sobre su final.
Entre ambos extremos se produce un movimiento de:
palabra → memoria → pérdida → tiempo → soledad →
cuerpo → muerte → silencio.
Sin embargo, no es una trayectoria lineal. El
pasado vuelve constantemente, el futuro aparece como recuerdo y el presente se
encuentra contaminado por ambos. La temporalidad convencional se fractura.
El propio poemario formula esta alteración temporal
de manera explícita: “Hoy es el día siguiente y mañana será como ayer”.
Esta frase constituye una de las claves
interpretativas del conjunto. El tiempo no funciona como progreso, sino como repetición
de la pérdida.
3. La
paradoja central: decir cuando ya no quedan palabras
El principal conflicto estético de Poesía ínfima
es la relación entre lenguaje y silencio.
El primer poema comienza con una afirmación
aparentemente sencilla: “DECIR ALGO EN VEZ DE CALLAR”. Pero inmediatamente el
lenguaje empieza a contradecirse: el sujeto quiere hablar, calla, recuerda,
intenta responder, no encuentra respuesta y vuelve a buscar.
La contradicción se profundiza en “Mi silencio es
ámbar e invisible”, donde se afirma que decir “silencio” ya implica decir
palabras.
La poesía de Córdova Salinas se construye, por
tanto, sobre una paradoja:
el sujeto escribe porque no puede decir aquello que
necesita decir.
La palabra poética aparece como aproximación, nunca
como dominio absoluto de la experiencia.
En “Palabra... me dices que ya no cantas”, las
palabras antiguas se convierten finalmente en “Nada”. Y en “El poema me busca
encontrándome”, el poema mismo adquiere autonomía: ya no es simplemente el
objeto producido por el poeta, sino una entidad que busca al sujeto y
finalmente lo reconoce.
Esta inversión resulta particularmente
significativa. El poeta deja de ser el dueño del poema; es el poema quien
termina encontrando al poeta.
En términos de poética, esto supone una concepción
de la creación literaria como proceso de descubrimiento. El poema no expresa
necesariamente una verdad previamente conocida: la construye mientras busca
aquello que todavía no sabe nombrar.
4. Una
estética de la imagen surreal y de la asociación inesperada
Uno de los rasgos formales más destacados del libro
es su tendencia hacia la imagen irracional, surrealizante y asociativa.
Ejemplos como:
- “este
cordel sirve para atar el crepúsculo”;
- “la
sombra blanca que brilla como el sol”;
- “el
río de tungsteno”;
- “la
cárcel es el aire”;
- “el
día anochece todas las tardes”;
- “hoy
es el día siguiente y mañana será como ayer”,
rompen deliberadamente la lógica descriptiva
convencional.
El propio Julio Aponte identifica el verso del
“cordel” como una construcción de naturaleza surrealista.
Pero sería insuficiente calificar estas imágenes
simplemente como “surrealistas”. Su función dentro del libro es más profunda.
La imagen irracional aparece cuando la lógica cotidiana ya no resulta
suficiente para expresar una experiencia interior igualmente irracional.
Así, “la cárcel es el aire” no describe una prisión
material. La imagen convierte un elemento asociado tradicionalmente con
libertad en signo de confinamiento. El aire, normalmente símbolo de apertura,
se vuelve cárcel.
Esta inversión es característica de la poética del
autor:
lo libre
se convierte en prisión;
lo luminoso se vuelve oscuro;
el día contiene la noche;
el silencio contiene palabras;
el futuro pertenece al pasado;
la vida aparece atravesada por la muerte.
La poesía se desarrolla precisamente en esas
contradicciones.
5. El
tiempo: verdadera materia prima del poemario
Si hubiera que seleccionar un solo concepto capaz
de articular la totalidad de Poesía ínfima, probablemente sería el
tiempo.
El tiempo aparece como:
- memoria;
- pérdida;
- repetición;
- espera;
- envejecimiento;
- prisión;
- enfermedad;
- anticipación
de la muerte;
- imposibilidad
de regresar.
El poema “Hoy comprendo que soy prisionero del
tiempo” lo declara desde su propio título. El sujeto se encuentra encerrado en
una temporalidad de la que solamente podrá liberarse cuando “se abran las
puertas del viento y de los mares”.
Pero existe una paradoja: cuando esa liberación
llegue, el sujeto habrá dejado de soñar. Es decir, la liberación del tiempo
puede equivaler al final del deseo.
El tiempo también se presenta como repetición.
“Llego a destiempo” condensa esta sensación en apenas dos líneas: llegar tarde
y temprano simultáneamente a una soledad inmensa.
Esta paradoja temporal es una de las mayores
virtudes conceptuales del libro. El sujeto no está simplemente “en” el tiempo: está
desfasado respecto de él.
6. Memoria
y olvido: recordar como forma de sufrir
La memoria constituye el segundo gran eje
estructurador.
En “El recuerdo se asemeja”, el recuerdo aparece
como una presencia que camina junto al sujeto, atraviesa puertas, mares, besos,
parques y días. El sujeto intenta enterrarlo, pero el recuerdo vuelve.
La memoria no funciona aquí como archivo ordenado
del pasado. Es una materia móvil, fragmentaria, sensorial.
El recuerdo se manifiesta mediante:
- una
puerta;
- una
ventana;
- un
beso;
- una
flor;
- una
voz;
- una
canción;
- el
olor de una manzana;
- el
mar;
- una
estación del año.
Esta característica resulta esencial: el pasado
no vuelve como narración; vuelve como imagen.
Por eso el poemario evita en buena medida contar
historias completas. El lector recibe fragmentos. El pasado aparece como
restos.
La memoria es, por tanto, arqueología emocional.
El sujeto excava en su experiencia, pero no
encuentra un relato coherente: encuentra objetos, sonidos, paisajes y
sensaciones.
7. El mar
como símbolo total
Entre los elementos recurrentes, el mar ocupa
una posición privilegiada.
Aparece en títulos, imágenes, recuerdos, metáforas
y estados emocionales. “El mar del que quisimos olvidarnos” convierte
directamente el océano en objeto de memoria.
El mar representa simultáneamente:
memoria + deseo + pérdida + movimiento +
incertidumbre + muerte + libertad.
Su riqueza simbólica reside precisamente en esa
ambivalencia.
El mar permite regresar, pero también perderse.
Puede lavar la memoria o conservarla. Puede ser espacio de amor o de naufragio.
Puede representar libertad y, simultáneamente, una fuerza que arrastra al
sujeto.
En “Estoy aquí hablándole a mi sombra”, el sujeto
termina convertido sucesivamente en noche, barquito de papel, naufragio y ola.
Esta cadena metafórica es reveladora: el yo pierde
progresivamente su estabilidad. Deja de ser una identidad fija y se transforma
en elementos transitorios.
El sujeto es aquello que le ocurre.
8. La
ventana: frontera entre interior y exterior
Otro símbolo decisivo es la ventana.
La ventana aparece reiteradamente como lugar de
contemplación, encierro, espera y comunicación imposible. En “Estoy aquí
hablándole a mi sombra”, los hierros de la ventana son comparados con agujas
clavadas en el paisaje.
La imagen contiene una contradicción fundamental:
la ventana permite mirar hacia afuera, pero no necesariamente permite salir.
Por eso funciona como metáfora del sujeto lírico.
El poeta puede contemplar:
- el
mar,
- los
árboles,
- el
viento,
- las
estaciones,
- la
ciudad,
pero permanece separado de ellos.
La ventana es entonces el lugar de la conciencia:
permite observar el mundo sin poder incorporarse plenamente a él.
9.
Ciudad, periferia y cotidianidad: una poesía deliberadamente antielitista
Una de las características más interesantes del
poemario es su incorporación de objetos y situaciones ordinarias:
- combi;
- mototaxi;
- mercado;
- periódico;
- teléfono;
- parque;
- muebles;
- bolsa
plástica;
- zapatos;
- taza
de té;
- cama;
- cañerías;
- fábricas.
En “Decir algo en vez de callar”, por ejemplo,
aparecen el muelle, el mercado, la combi, el mototaxi, el periódico y la vida
urbana cotidiana.
Estos elementos impiden que el libro quede
suspendido en una abstracción puramente metafísica.
El dolor ocurre en lugares concretos.
La angustia no sucede en un paisaje romántico
idealizado, sino en calles, parques, avenidas, habitaciones, fábricas y
transportes urbanos.
Esto otorga al poemario una dimensión social
indirecta. No es poesía social en sentido programático, pero sí existe una poética
de la experiencia ordinaria, donde lo cotidiano adquiere densidad
existencial.
La inclusión de objetos modestos es coherente con
el título: Poesía ínfima convierte lo pequeño en materia de
trascendencia.
10. La
memoria minera y la geografía biográfica
Uno de los textos más significativos desde una
perspectiva contextual es “Desde un cordel del cielo”.
Allí aparecen las montañas, el tungsteno, los
cerros, las explosiones, los rebaños y la “chirapa”.
La nota editorial informa que este poema en prosa
se inspira en las vivencias infantiles del autor en el campamento minero de
Consuzo, también denominado Mina Pasto Bueno, donde trabajó su padre. La misma
nota establece una proximidad histórica y literaria con la tradición minera
asociada a César Vallejo y El tungsteno.
Este dato resulta fundamental para una lectura
académica porque permite identificar una dimensión distinta del poemario: la
memoria personal se articula con una geografía histórica del Perú.
El tungsteno no funciona únicamente como material
mineral. Se convierte en sustancia de la memoria.
El poema transforma el paisaje industrial en
paisaje interior.
La mina, el cerro, el metal y las explosiones
forman parte de una infancia que retorna convertida en lenguaje.
11.
Vallejo y Luis Hernández: una tradición literaria asumida de manera explícita
El libro no oculta sus filiaciones literarias.
En “Por qué el corazón claudica ante los años”, el
cierre incorpora un verso procedente de Luis Hernández Camarero, poeta de la
generación del sesenta. La propia nota editorial informa que se trata de un
epígrafe utilizado deliberadamente al final del poema.
Algo similar ocurre en “Predestinado a
desaparecer”, cuyo cierre incorpora una formulación inspirada en “Fresco”,
poema de Los heraldos negros de César Vallejo.
Estas referencias son relevantes porque sitúan a
Córdova Salinas dentro de una tradición de poesía peruana caracterizada por:
- el
dolor existencial;
- la
conciencia del fracaso;
- la
ruptura de la lógica discursiva;
- la
experimentación verbal;
- la
imagen inesperada;
- la
interiorización del paisaje;
- la
relación conflictiva entre lenguaje y realidad.
Sin embargo, sería reductivo afirmar que Poesía
ínfima es simplemente “vallejiana”.
Más exacto sería decir que dialoga con Vallejo
desde una sensibilidad contemporánea, incorporando al mismo tiempo
registros urbanos, tecnológicos y cotidianos que pertenecen a otra época.
La presencia de una computadora o un teclado, por
ejemplo, introduce un elemento contemporáneo en medio de una poética de raíz
existencial.
12. La
estación del otoño: metáfora del envejecimiento y de la conciencia
El otoño constituye posiblemente el símbolo
estacional más importante del libro.
Aparece como:
- amigo;
- visitante;
- cómplice;
- presencia
amorosa;
- estado
espiritual;
- metáfora
de decadencia.
En “Contra lo que dice el viento”, el otoño se
encuentra relacionado con la repetición de las penas y con una especie de
permanencia melancólica.
En “Hoy comprendo que soy prisionero del tiempo”,
el sujeto le roba espinas al otoño y deja al invierno sin abrigo.
El otoño es, en consecuencia, el tiempo hecho
paisaje.
No es solamente una estación: es la conciencia de
que todo aquello que florece está destinado a perder sus hojas.
Por ello el otoño puede leerse como una figura del
propio sujeto poético.
13. El
cuerpo: último territorio de la existencia
Hacia la parte final del libro, la poesía se vuelve
más corporal.
“Retener el dolor” intenta inscribir el sufrimiento
directamente sobre la piel, las manos y los dedos.
“Este cuerpo agoniza” radicaliza todavía más esa
corporalización. El cuerpo aparece como lugar donde se acumulan los días, la
sangre, las huellas, el deseo, la rutina y la muerte.
El tránsito del libro puede entenderse entonces
como un desplazamiento:
del paisaje exterior hacia el cuerpo interior.
Al comienzo encontramos mar, ciudad, parques,
calles y ventanas. Al final encontramos sangre, respiración, dolor, sombra y
agonía.
La exterioridad termina interiorizándose.
El mundo entero parece terminar alojado dentro del
cuerpo.
14. La
muerte: no como acontecimiento, sino como horizonte
La muerte atraviesa el poemario desde mucho antes
de aparecer explícitamente.
Ya está contenida en expresiones como:
- “predestinado
a desaparecer”;
- “comenzar
a desaparecer”;
- “prisionero
del tiempo”;
- “naufragio”;
- “sepulcro”;
- “cuerpo
agoniza”.
Cuando aparece el poema “Hoy más que nunca deseo
morir”, la muerte ya no constituye una sorpresa temática: es la consecuencia
extrema de un proceso que el libro ha venido construyendo.
Es importante, además, observar que la muerte no
siempre significa simplemente final.
En ocasiones implica:
- retorno;
- transformación;
- desaparición;
- liberación;
- recuperación
de la infancia;
- suspensión
del tiempo.
El deseo de morir se mezcla con el deseo de
regresar a un estado anterior del ser.
La muerte aparece así como la fantasía de una
restitución imposible.
15. El yo
lírico: identidad fragmentada
El hablante de Poesía ínfima no posee una
identidad plenamente estable.
Se presenta sucesivamente como:
- prisionero;
- sombra;
- naufragio;
- barquito
de papel;
- caminante;
- soñador;
- enfermo;
- poeta;
- cuerpo;
- memoria;
- silencio.
Esta inestabilidad es coherente con la estructura
del poemario.
El “yo” no se define por una biografía lineal, sino
por estados de conciencia.
En “El poema me busca encontrándome”, incluso el
propio poema se convierte en interlocutor del sujeto.
Podemos hablar, por ello, de una identidad
lírica relacional: el sujeto existe en relación con el recuerdo, el mar, el
viento, las estaciones, la palabra y el poema.
16.
Sintaxis y ritmo: una escritura que reproduce la conciencia
Desde el punto de vista formal, uno de los rasgos
más evidentes es el predominio de largas unidades sintácticas, con
abundancia de coordinaciones, asociaciones y desplazamientos semánticos.
El primer poema constituye un ejemplo
particularmente claro: una larga corriente verbal que encadena imágenes y
acontecimientos sin someterlos siempre a una relación causal explícita.
Esta técnica puede interpretarse como una forma de escritura
de flujo de conciencia.
La puntuación no siempre funciona para ordenar
racionalmente la experiencia; funciona para mantenerla en movimiento.
La frase parece avanzar porque el pensamiento
necesita continuar antes de detenerse.
De ahí que algunos poemas puedan leerse casi como
respiraciones prolongadas.
La forma reproduce el estado psicológico del
hablante: un pensamiento que no logra concluir porque tampoco logra resolver
aquello que lo origina.
17. Prosa
poética: ampliación del campo expresivo
La inclusión de poemas en prosa es particularmente
importante.
“Desde un cordel del cielo” se presenta como poema
en prosa y recupera un episodio vinculado con la infancia minera del autor.
Asimismo, la edición de Fastos informa que
cuatro poemas en prosa —“Llego a medianoche”, “Hoy más que nunca”, “Retener el
dolor” y “Este cuerpo agoniza”— pertenecen a la versión inicial del libro y
fueron incorporados por primera vez en esta publicación.
Este dato editorial permite considerar la obra como
un proyecto poético de larga duración, cuya configuración ha sufrido
modificaciones.
La prosa poética amplía la tendencia del autor a la
asociación libre, porque elimina parcialmente las expectativas métricas y
permite desarrollar una respiración discursiva más extensa.
No obstante, aquí aparece también una de las
principales tensiones estéticas del libro: la abundancia verbal.
18. Una
virtud y, simultáneamente, un riesgo: la exuberancia metafórica
Desde una perspectiva crítica rigurosa, el poemario
presenta una virtud que también constituye su principal riesgo: su intensa
producción de imágenes.
El autor posee una notable capacidad para
establecer relaciones inesperadas entre objetos y estados emocionales. Sin
embargo, en algunos momentos la sucesión metafórica resulta tan intensa que la
imagen pierde parte de su capacidad de impacto por acumulación.
Este fenómeno puede observarse especialmente en los
poemas de mayor extensión, donde una imagen poderosa es seguida rápidamente por
otra, y luego por otra, sin que siempre exista un momento de reposo
interpretativo.
La consecuencia es doble:
Fortaleza: el lector ingresa en un universo imaginativo
intenso, móvil y alucinatorio.
Riesgo: determinadas asociaciones pueden percibirse como
reiterativas o como una acumulación de imágenes de similar intensidad.
La crítica de Julio Aponte reconoce precisamente el
carácter fragmentario y doloroso de esta escritura, señalando que los poemas
hablan desde un monólogo hecho de fragmentos y herramientas de supervivencia.
Desde una perspectiva académica, podría decirse que
la fragmentación es estética cuando produce sentido, pero puede volverse
redundancia cuando la acumulación deja de generar tensión.
Este es probablemente el aspecto que más podría
beneficiarse de una edición crítica futura.
19.
Repetición: defecto aparente, procedimiento estructural
La repetición de ciertas palabras y símbolos podría
ser considerada inicialmente una limitación:
mar, viento, otoño, invierno, noche, silencio,
ventana, sueño, corazón, dolor, tiempo, sombra.
Sin embargo, una lectura global demuestra que estos
elementos funcionan como leitmotivs.
El autor no intenta agotar una imagen en una sola
aparición. La hace regresar transformada.
El mar de un poema no es exactamente el mismo mar
de otro.
El otoño cambia de función.
La ventana puede ser refugio, prisión, memoria o
frontera.
El silencio puede ser vacío, resistencia,
imposibilidad o materia poética.
La repetición crea así una suerte de sistema
simbólico interno.
20. La
contradicción como principio de composición
Quizá el procedimiento retórico más característico
de Poesía ínfima sea la paradoja.
El poemario parece avanzar mediante afirmaciones
que contienen su propia negación:
- hablar/callar;
- día/noche;
- sueño/vigilia;
- vida/muerte;
- memoria/olvido;
- libertad/prisión;
- presencia/ausencia;
- pasado/futuro;
- palabra/Nada.
El poema “El día comienza cuando duermes” sintetiza
extraordinariamente esta lógica. El día empieza en el sueño y la noche
permanece cuando debería llegar el alba.
No estamos ante contradicciones accidentales. Son
el principio epistemológico del poemario.
El mundo aparece contradictorio porque la
conciencia que lo percibe también lo es.
21. “El
poema me busca”: una declaración de poética
Entre todos los textos, “El poema me busca
encontrándome” merece una atención particular porque puede leerse como una metapoética.
Aquí el poema se personifica y busca al poeta. El
sujeto reconoce que alguna vez estuvo íntimamente unido a él, pero ya no
recuerda su perfil.
La creación poética es presentada entonces como una
relación afectiva:
el poeta pierde al poema, el poema encuentra al
poeta.
Esto explica buena parte del libro.
La escritura no es simplemente un instrumento de
expresión. Es un proceso de recuperación.
El poeta escribe para reconocerse en aquello que ha
escrito.
22. El
“exilio personal”: clave para comprender la obra
La nota biográfica editorial informa que Poesía
ínfima fue escrita entre 2000 y 2002, durante un “exilio personal” del
autor en la casa de su abuela materna en Chiclayo.
Sin convertir automáticamente la biografía en
explicación del poema —riesgo frecuente de la crítica biografista—, este dato
resulta compatible con una de las estructuras fundamentales del libro: el
retiro.
Aparecen expresiones como:
- “mi
inmenso retiro”;
- “este
inmenso retiro”;
- “encerrado
entre cuatro paredes”;
- “sentado
sobre el viejo muelle”;
- “me
perdí”;
- “mi
soledad”.
La experiencia del aislamiento parece transformarse
en método de percepción.
El mundo exterior se vuelve más intenso porque el
sujeto se encuentra apartado de él.
23. La
dimensión peruana del poemario
La obra no construye una identidad nacional
mediante proclamas explícitas. Lo peruano aparece de manera más compleja: a
través de la geografía, los objetos, el transporte, la ciudad, la memoria
minera, la tradición literaria y el registro cotidiano.
La presencia de la combi y del mototaxi, por
ejemplo, incorpora una materialidad reconocible de la experiencia urbana y
provincial peruana.
La infancia minera, por otro lado, introduce un
espacio histórico de enorme relevancia para la literatura peruana.
Y el diálogo con Vallejo y Luis Hernández establece
una genealogía literaria nacional.
En consecuencia, Poesía ínfima puede ser
considerada una obra inserta en la tradición peruana, aunque su discurso no sea
nacionalista.
24. Una
poesía de frontera entre comunicación y hermetismo
El poemario se encuentra en una zona interesante
entre dos tendencias.
Por un lado, existe una voluntad comunicativa
evidente. El título inaugural “Decir algo en vez de callar” lo confirma.
Por otro, las asociaciones surrealizantes y las
rupturas lógicas conducen al hermetismo.
Esta tensión es productiva.
Córdova Salinas no busca escribir una poesía
completamente transparente. Pero tampoco persigue un hermetismo absoluto.
Su procedimiento consiste en decir mediante
imágenes aquello que el discurso racional no puede decir directamente.
El lector, por tanto, no recibe un significado
terminado. Debe reconstruirlo.
25. Los
cuatro últimos poemas y la radicalización de la poética
Los cuatro textos incorporados como primicia en la
edición de Fastos adquieren una importancia especial porque funcionan
como una suerte de zona terminal del proyecto poético.
“Llego a medianoche” presenta la vida como tránsito
hacia la medianoche.
“Hoy más que nunca deseo morir” convierte la
desaparición en deseo explícito y la vincula con el regreso a la infancia.
“Retener el dolor” muestra la lucha por conservar,
nombrar o transformar la experiencia dolorosa mediante la escritura.
Finalmente, “Este cuerpo agoniza” convierte el
cuerpo en el espacio definitivo de esa experiencia.
Estos poemas hacen visible una progresión:
medianoche → muerte → dolor → cuerpo agonizante.
Pero paradójicamente, en “Este cuerpo agoniza”, el
sujeto afirma su deseo de “vivir de lo que sueño”.
Es decir, incluso en el punto de máxima oscuridad
permanece una voluntad de existencia.
26. La
gran paradoja final: una poesía de muerte que insiste en vivir
Este quizá sea el descubrimiento más importante de
una lectura completa del libro.
Poesía ínfima parece ser una poesía de muerte, pero en realidad
es una poesía de resistencia ante la desaparición.
El sujeto dice:
- quiere
desaparecer;
- quiere
dormir;
- quiere
morir;
- quiere
olvidar;
- quiere
callar;
pero simultáneamente:
- escribe;
- recuerda;
- sueña;
- habla;
- escucha;
- espera;
- canta.
El acto mismo de escribir contradice el deseo de
desaparición.
Por eso la poesía funciona como supervivencia.
El poema “Retener el dolor” lo expresa de manera
particularmente significativa: incluso cuando todo parece reducirse a un “débil
soplo”, existe la necesidad de escribir algo.
La escritura es, entonces, el último gesto de
resistencia del sujeto frente al tiempo.
27.
Valoración estética
Desde una perspectiva estrictamente literaria, Poesía
ínfima posee varios méritos sobresalientes.
a) Posee una voz reconocible
El conjunto desarrolla una identidad estilística
coherente: asociaciones inesperadas, recurrencia simbólica, tono confesional,
temporalidad fragmentada y fuerte presencia del paisaje.
b) Construye un universo
simbólico propio
Mar, viento, otoño, invierno, ventana, sombra,
silencio, sueño y corazón no son elementos decorativos. Funcionan como un
sistema de correspondencias.
c) Convierte lo cotidiano en
materia metafísica
La combi, el mototaxi, el mercado, el teclado, la
taza de té o la bolsa plástica adquieren valor poético.
d) Posee una importante dimensión
metapoética
El libro reflexiona constantemente sobre su propio
acto de escritura.
e) Dialoga con la tradición
peruana sin quedar completamente absorbido por ella
La relación con Vallejo y Luis Hernández resulta
explícita, pero el autor desarrolla una voz propia.
f) Su mayor fortaleza es la
autenticidad de su tono
El dolor no aparece como argumento ornamental.
Constituye la materia misma de la voz poética.
28.
Aspectos susceptibles de una valoración crítica más exigente
Una crítica académica no debería limitarse al
elogio.
El principal punto discutible del poemario es su tendencia
a la reiteración semántica y metafórica.
El lector encuentra numerosas recurrencias de:
- soledad;
- dolor;
- mar;
- otoño;
- silencio;
- sombra;
- sueño;
- muerte;
- ventana.
Esta insistencia es deliberada y contribuye a la
unidad del libro, pero en determinados pasajes puede reducir la capacidad de
sorpresa.
Asimismo, algunos poemas parecen confiar demasiado
en la intensidad emocional de la imagen y menos en su depuración formal.
En consecuencia, puede sostenerse que Córdova
Salinas posee una imaginación poética más poderosa que contenida.
No se trata necesariamente de una deficiencia. Es
una característica de su escritura. Su poética prefiere el desbordamiento antes
que la economía extrema.
Sin embargo, una futura edición crítica podría
beneficiarse de una revisión que distinguiera con mayor severidad entre:
imagen indispensable / imagen complementaria /
imagen redundante.
Una poda selectiva probablemente incrementaría la
potencia de algunos textos sin modificar su identidad.
29. Una
posible ubicación estética
Sin reducir al autor a una sola etiqueta, Poesía
ínfima puede situarse en la intersección de varias tendencias:
poesía
existencial
por su preocupación por el tiempo, la muerte, la soledad y la identidad;
poesía
surrealizante
por sus asociaciones inesperadas y rupturas de la lógica convencional;
poesía de
la experiencia
por su utilización de objetos, lugares y situaciones cotidianas;
poesía
metapoética
por su permanente reflexión sobre la palabra y el poema;
poesía de
la memoria
por su recuperación fragmentaria de infancia, amor y pérdida;
poesía
urbana y periférica
por su incorporación de espacios concretos y objetos de la vida cotidiana.
La singularidad del libro emerge justamente de la
combinación de estas dimensiones.
30.
Conclusión: la grandeza de una poesía que se declara pequeña
El mayor acierto conceptual de Poesía ínfima
consiste en que el título termina siendo mucho más que una denominación: es una
estética.
Lo ínfimo es:
- el
recuerdo mínimo;
- la
palabra aislada;
- el
objeto cotidiano;
- la
sombra;
- el
soplo;
- la
voz que apenas alcanza;
- el
cuerpo que agoniza;
- el
instante antes de desaparecer.
Pero precisamente desde esas dimensiones
aparentemente menores el poemario intenta formular preguntas enormes.
¿Qué queda cuando la memoria se pierde?
¿Qué significa hablar cuando las palabras ya no
alcanzan?
¿Puede el poema vencer al tiempo?
¿Es posible recordar sin volver a sufrir?
¿La muerte representa el final o una forma extrema
de regreso?
¿Puede la escritura conservar aquello que
inevitablemente desaparece?
El libro no responde de manera definitiva a estas
preguntas. Y ahí reside uno de sus valores.
Su propia conclusión lo declara: “El enigma de
la existencia no cabe en esta mi secreta canción”.
Ese verso puede entenderse como la verdadera tesis
estética del poemario.
La poesía no resuelve el enigma de la existencia.
Lo acompaña.
Y quizá por eso el sujeto continúa escribiendo.
Porque si la existencia no puede ser explicada,
puede al menos ser convertida en imagen; si el dolor no puede ser eliminado,
puede transformarse en lenguaje; si el tiempo no puede detenerse, puede ser
enfrentado mediante la memoria; y si la muerte resulta inevitable, queda
todavía la palabra como último vestigio de una conciencia que se resiste a
desaparecer.
En este sentido, Poesía ínfima no es una
poesía pequeña. Es una poesía que encuentra en lo pequeño la dimensión de lo
absoluto.
Su aparente sencillez es engañosa. Bajo ella existe
una compleja meditación sobre la condición humana. El sujeto lírico está
permanentemente situado en un umbral: entre el habla y el silencio, entre el
recuerdo y el olvido, entre el sueño y la vigilia, entre el pasado y el futuro,
entre la vida y la muerte.
Y precisamente allí, en ese espacio fronterizo,
aparece el poema.
Por ello, la propuesta de Córdova Salinas puede
sintetizarse en una fórmula crítica:
la poesía como resistencia mínima frente a la
desaparición absoluta.
El gesto es “ínfimo” porque apenas consiste en
decir una palabra, recordar una imagen, contemplar una ventana, escuchar el mar
o escribir un verso. Pero es también enorme porque ese gesto constituye la
última forma de afirmar que se ha estado aquí.
La biografía editorial señala que el libro fue
escrito entre 2000 y 2002 y que posteriormente tuvo una trayectoria artesanal,
digital y ahora editorial, incorporándose en 2026 cuatro textos que pertenecían
a su versión inicial. Esa historia editorial resulta, paradójicamente,
coherente con la poética del libro: un conjunto nacido de un período de retiro
personal, conservado a través de distintas formas de publicación y finalmente
recuperado décadas después.
Así, la propia existencia material de Poesía
ínfima parece reproducir su tema central:
lo que estaba destinado a desaparecer, vuelve.
Y vuelve convertido en palabra.
Valoración crítica final
En términos de una evaluación académica global, Poesía
ínfima puede considerarse un poemario de considerable interés dentro de
la poesía peruana contemporánea, particularmente por su capacidad para
articular una voz existencial con una imaginación de raíz surrealizante, una
fuerte conciencia del lenguaje y una sensibilidad arraigada en la experiencia
cotidiana.
Su principal virtud es la coherencia de su
universo simbólico y la autenticidad de su voz; su principal riesgo, la reiteración
de determinados motivos y una ocasional exuberancia metafórica que podría
beneficiarse de mayor depuración.
No obstante, esa exuberancia forma parte de su
identidad. El poeta no parece buscar la imagen perfecta aislada, sino el desbordamiento
de imágenes como representación del desbordamiento interior. Desde esa
perspectiva, lo que a primera vista podría parecer exceso puede entenderse
también como procedimiento deliberado: la forma misma del poema reproduce una
conciencia que no logra contener aquello que recuerda.
En última instancia, Poesía ínfima propone
una concepción profundamente humana de la literatura: escribir no para
explicar la existencia, sino para soportar su misterio. La palabra no vence
al dolor, pero lo transforma; no derrota al tiempo, pero deja una huella contra
él; no elimina la muerte, pero permite que una voz continúe hablando cuando
todo lo demás parece haber terminado.
Y esa voz —fragmentaria, melancólica,
contradictoria, urbana, marina, nocturna y profundamente existencial—
constituye la verdadera unidad estética del libro.



Estimado Kiyau Santos, he leído la crítica literaria sobre mi libro "Poesía ínfima" y me he quedado sorprendido por la intensidad y minuciosidad del análisis, a partir de estos versos escritos durante mlnentos nuy dramáticos de mi vida.
ResponderEliminarMe gustaría que veas los cuadernos originales, donde hay manuscritos, caligramas y dibujos realizados en Chiclayo en el año 2,000 y 2,002 (en un exilio personal en casa de mi abuela (y luego confinado en "ghetos de exclusión") y que dieron forma a "Poesía ínfima".
Tu análisis ilumina más estos versos...
Los poemas durmieron 24 años y caminaron en ediciones artesanales fotocopiadas y versiones digitales, hasta que por la generosidad de JulIo Aponte hoy salen a la estampa en la revista de poesía Fastos, ahora desmenuzadoa, diseccionados en tu crítica.
Muy agradecido esrimado kiyau Santos, saludos cordiales a nuestro amigo artista plástico y esxritor Salvador Rosado.
Fraternalmente,
Nivardo Córdova Salinas.
Lima, invierno de 2026