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sábado, 29 de agosto de 2026

POESÍA ÍNFIMA / NIVARDO CÓRDOBA SALINAS

 Crítica Analítica Literaria:


A partir del poemario Poesía ínfima de Nivardo Córdova Salinas, en la versión publicada por Fastos, Revista de Poesía, N.º 67, agosto de 2026. La lectura considera tanto la arquitectura del conjunto como sus procedimientos formales, sus núcleos simbólicos, su dimensión existencial, su relación con la memoria y el tiempo, y sus principales logros y tensiones estéticas.




POESÍA ÍNFIMA

poética del silencio, la memoria y la desaparición


Una lectura crítica de la escritura de Nivardo Córdova Salinas


1. Consideración inicial: una poesía que se presenta como “ínfima” para hablar de lo esencial

Poesía ínfima, de Nivardo Córdova Salinas, es un poemario cuya aparente modestia nominal encubre una ambición estética considerable. El título constituye, desde el inicio, una declaración poética y, simultáneamente, una estrategia de lectura. La palabra “ínfima” remite a aquello que ocupa el lugar más pequeño, lo insignificante, lo desprovisto de grandilocuencia; sin embargo, el contenido del libro se orienta justamente hacia las dimensiones más vastas de la experiencia humana: el tiempo, la pérdida, la memoria, la soledad, el amor, la identidad, la muerte, el lenguaje y la imposibilidad de comprender plenamente la existencia.

La presentación de Julio Aponte identifica precisamente esa paradoja al caracterizar el título como “visceral e irónico” y como una aparente renuncia a la “gran poesía culta” para reivindicar una escritura sencilla, cotidiana, nacida en espacios comunes como calles, bares, playas y plazas.

Pero conviene ir más allá de esa primera definición. Lo “ínfimo” en Córdova Salinas no es solamente lo humilde: es lo reducido a su mínima expresión antes de desaparecer. La poesía parece surgir allí donde la experiencia ya no puede sostenerse mediante grandes discursos. El sujeto lírico habla desde un espacio límite: cuando el recuerdo se deshace, cuando el amor ha quedado sin nombre, cuando el tiempo se convierte en prisión y cuando la palabra amenaza con transformarse en silencio.

De ahí que uno de los versos inaugurales —“Decir algo en vez de callar”— funcione como una auténtica poética de apertura. No se trata simplemente de escoger entre hablar o callar. El problema central del libro consiste en descubrir que hablar es una forma de enfrentarse al silencio, pero también una forma de comprobar su existencia.

La poesía, entonces, no elimina el silencio: nace de él.


2. La arquitectura profunda del poemario: una unidad construida sobre recurrencias

Aunque Poesía ínfima está compuesto por poemas independientes, el libro alcanza cohesión mediante una compleja red de motivos recurrentes. El índice ya permite advertir una trayectoria temática: “Decir algo en vez de callar”, “El mar del que quisimos olvidarnos”, “Mi silencio es ámbar invisible”, “Por qué el corazón claudica ante los años”, “El día comienza cuando duermes”, “Predestinado a desaparecer”, “Me duele no hablar”, “Hoy comprendo que soy prisionero del tiempo”, “El poema me busca encontrándome”, “Hoy más que nunca deseo morir”, “Retener el dolor” y “Este cuerpo agoniza”, entre otros.

Esta secuencia revela una estructura que podría describirse como circular y descendente.

El libro comienza con la necesidad de hablar y termina con un sujeto que se ha hecho “merecedor del silencio, de los gritos y de esta bruma fantástica” que se cierne sobre su final.

Entre ambos extremos se produce un movimiento de:

palabra → memoria → pérdida → tiempo → soledad → cuerpo → muerte → silencio.

Sin embargo, no es una trayectoria lineal. El pasado vuelve constantemente, el futuro aparece como recuerdo y el presente se encuentra contaminado por ambos. La temporalidad convencional se fractura.

El propio poemario formula esta alteración temporal de manera explícita: “Hoy es el día siguiente y mañana será como ayer”.

Esta frase constituye una de las claves interpretativas del conjunto. El tiempo no funciona como progreso, sino como repetición de la pérdida.


3. La paradoja central: decir cuando ya no quedan palabras

El principal conflicto estético de Poesía ínfima es la relación entre lenguaje y silencio.

El primer poema comienza con una afirmación aparentemente sencilla: “DECIR ALGO EN VEZ DE CALLAR”. Pero inmediatamente el lenguaje empieza a contradecirse: el sujeto quiere hablar, calla, recuerda, intenta responder, no encuentra respuesta y vuelve a buscar.

La contradicción se profundiza en “Mi silencio es ámbar e invisible”, donde se afirma que decir “silencio” ya implica decir palabras.

La poesía de Córdova Salinas se construye, por tanto, sobre una paradoja:

el sujeto escribe porque no puede decir aquello que necesita decir.

La palabra poética aparece como aproximación, nunca como dominio absoluto de la experiencia.

En “Palabra... me dices que ya no cantas”, las palabras antiguas se convierten finalmente en “Nada”. Y en “El poema me busca encontrándome”, el poema mismo adquiere autonomía: ya no es simplemente el objeto producido por el poeta, sino una entidad que busca al sujeto y finalmente lo reconoce.

Esta inversión resulta particularmente significativa. El poeta deja de ser el dueño del poema; es el poema quien termina encontrando al poeta.

En términos de poética, esto supone una concepción de la creación literaria como proceso de descubrimiento. El poema no expresa necesariamente una verdad previamente conocida: la construye mientras busca aquello que todavía no sabe nombrar.


4. Una estética de la imagen surreal y de la asociación inesperada

Uno de los rasgos formales más destacados del libro es su tendencia hacia la imagen irracional, surrealizante y asociativa.

Ejemplos como:

  • “este cordel sirve para atar el crepúsculo”;
  • “la sombra blanca que brilla como el sol”;
  • “el río de tungsteno”;
  • “la cárcel es el aire”;
  • “el día anochece todas las tardes”;
  • “hoy es el día siguiente y mañana será como ayer”,

rompen deliberadamente la lógica descriptiva convencional.

El propio Julio Aponte identifica el verso del “cordel” como una construcción de naturaleza surrealista.

Pero sería insuficiente calificar estas imágenes simplemente como “surrealistas”. Su función dentro del libro es más profunda. La imagen irracional aparece cuando la lógica cotidiana ya no resulta suficiente para expresar una experiencia interior igualmente irracional.

Así, “la cárcel es el aire” no describe una prisión material. La imagen convierte un elemento asociado tradicionalmente con libertad en signo de confinamiento. El aire, normalmente símbolo de apertura, se vuelve cárcel.

Esta inversión es característica de la poética del autor:

lo libre se convierte en prisión;
lo luminoso se vuelve oscuro;
el día contiene la noche;
el silencio contiene palabras;
el futuro pertenece al pasado;
la vida aparece atravesada por la muerte.

La poesía se desarrolla precisamente en esas contradicciones.


5. El tiempo: verdadera materia prima del poemario

Si hubiera que seleccionar un solo concepto capaz de articular la totalidad de Poesía ínfima, probablemente sería el tiempo.

El tiempo aparece como:

  • memoria;
  • pérdida;
  • repetición;
  • espera;
  • envejecimiento;
  • prisión;
  • enfermedad;
  • anticipación de la muerte;
  • imposibilidad de regresar.

El poema “Hoy comprendo que soy prisionero del tiempo” lo declara desde su propio título. El sujeto se encuentra encerrado en una temporalidad de la que solamente podrá liberarse cuando “se abran las puertas del viento y de los mares”.

Pero existe una paradoja: cuando esa liberación llegue, el sujeto habrá dejado de soñar. Es decir, la liberación del tiempo puede equivaler al final del deseo.

El tiempo también se presenta como repetición. “Llego a destiempo” condensa esta sensación en apenas dos líneas: llegar tarde y temprano simultáneamente a una soledad inmensa.

Esta paradoja temporal es una de las mayores virtudes conceptuales del libro. El sujeto no está simplemente “en” el tiempo: está desfasado respecto de él.


6. Memoria y olvido: recordar como forma de sufrir

La memoria constituye el segundo gran eje estructurador.

En “El recuerdo se asemeja”, el recuerdo aparece como una presencia que camina junto al sujeto, atraviesa puertas, mares, besos, parques y días. El sujeto intenta enterrarlo, pero el recuerdo vuelve.

La memoria no funciona aquí como archivo ordenado del pasado. Es una materia móvil, fragmentaria, sensorial.

El recuerdo se manifiesta mediante:

  • una puerta;
  • una ventana;
  • un beso;
  • una flor;
  • una voz;
  • una canción;
  • el olor de una manzana;
  • el mar;
  • una estación del año.

Esta característica resulta esencial: el pasado no vuelve como narración; vuelve como imagen.

Por eso el poemario evita en buena medida contar historias completas. El lector recibe fragmentos. El pasado aparece como restos.

La memoria es, por tanto, arqueología emocional.

El sujeto excava en su experiencia, pero no encuentra un relato coherente: encuentra objetos, sonidos, paisajes y sensaciones.


7. El mar como símbolo total

Entre los elementos recurrentes, el mar ocupa una posición privilegiada.

Aparece en títulos, imágenes, recuerdos, metáforas y estados emocionales. “El mar del que quisimos olvidarnos” convierte directamente el océano en objeto de memoria.

El mar representa simultáneamente:

memoria + deseo + pérdida + movimiento + incertidumbre + muerte + libertad.

Su riqueza simbólica reside precisamente en esa ambivalencia.

El mar permite regresar, pero también perderse. Puede lavar la memoria o conservarla. Puede ser espacio de amor o de naufragio. Puede representar libertad y, simultáneamente, una fuerza que arrastra al sujeto.

En “Estoy aquí hablándole a mi sombra”, el sujeto termina convertido sucesivamente en noche, barquito de papel, naufragio y ola.

Esta cadena metafórica es reveladora: el yo pierde progresivamente su estabilidad. Deja de ser una identidad fija y se transforma en elementos transitorios.

El sujeto es aquello que le ocurre.


8. La ventana: frontera entre interior y exterior

Otro símbolo decisivo es la ventana.

La ventana aparece reiteradamente como lugar de contemplación, encierro, espera y comunicación imposible. En “Estoy aquí hablándole a mi sombra”, los hierros de la ventana son comparados con agujas clavadas en el paisaje.

La imagen contiene una contradicción fundamental: la ventana permite mirar hacia afuera, pero no necesariamente permite salir.

Por eso funciona como metáfora del sujeto lírico.

El poeta puede contemplar:

  • el mar,
  • los árboles,
  • el viento,
  • las estaciones,
  • la ciudad,

pero permanece separado de ellos.

La ventana es entonces el lugar de la conciencia: permite observar el mundo sin poder incorporarse plenamente a él.


9. Ciudad, periferia y cotidianidad: una poesía deliberadamente antielitista

Una de las características más interesantes del poemario es su incorporación de objetos y situaciones ordinarias:

  • combi;
  • mototaxi;
  • mercado;
  • periódico;
  • teléfono;
  • parque;
  • muebles;
  • bolsa plástica;
  • zapatos;
  • taza de té;
  • cama;
  • cañerías;
  • fábricas.

En “Decir algo en vez de callar”, por ejemplo, aparecen el muelle, el mercado, la combi, el mototaxi, el periódico y la vida urbana cotidiana.

Estos elementos impiden que el libro quede suspendido en una abstracción puramente metafísica.

El dolor ocurre en lugares concretos.

La angustia no sucede en un paisaje romántico idealizado, sino en calles, parques, avenidas, habitaciones, fábricas y transportes urbanos.

Esto otorga al poemario una dimensión social indirecta. No es poesía social en sentido programático, pero sí existe una poética de la experiencia ordinaria, donde lo cotidiano adquiere densidad existencial.

La inclusión de objetos modestos es coherente con el título: Poesía ínfima convierte lo pequeño en materia de trascendencia.


10. La memoria minera y la geografía biográfica

Uno de los textos más significativos desde una perspectiva contextual es “Desde un cordel del cielo”.

Allí aparecen las montañas, el tungsteno, los cerros, las explosiones, los rebaños y la “chirapa”.

La nota editorial informa que este poema en prosa se inspira en las vivencias infantiles del autor en el campamento minero de Consuzo, también denominado Mina Pasto Bueno, donde trabajó su padre. La misma nota establece una proximidad histórica y literaria con la tradición minera asociada a César Vallejo y El tungsteno.

Este dato resulta fundamental para una lectura académica porque permite identificar una dimensión distinta del poemario: la memoria personal se articula con una geografía histórica del Perú.

El tungsteno no funciona únicamente como material mineral. Se convierte en sustancia de la memoria.

El poema transforma el paisaje industrial en paisaje interior.

La mina, el cerro, el metal y las explosiones forman parte de una infancia que retorna convertida en lenguaje.


11. Vallejo y Luis Hernández: una tradición literaria asumida de manera explícita

El libro no oculta sus filiaciones literarias.

En “Por qué el corazón claudica ante los años”, el cierre incorpora un verso procedente de Luis Hernández Camarero, poeta de la generación del sesenta. La propia nota editorial informa que se trata de un epígrafe utilizado deliberadamente al final del poema.

Algo similar ocurre en “Predestinado a desaparecer”, cuyo cierre incorpora una formulación inspirada en “Fresco”, poema de Los heraldos negros de César Vallejo.

Estas referencias son relevantes porque sitúan a Córdova Salinas dentro de una tradición de poesía peruana caracterizada por:

  • el dolor existencial;
  • la conciencia del fracaso;
  • la ruptura de la lógica discursiva;
  • la experimentación verbal;
  • la imagen inesperada;
  • la interiorización del paisaje;
  • la relación conflictiva entre lenguaje y realidad.

Sin embargo, sería reductivo afirmar que Poesía ínfima es simplemente “vallejiana”.

Más exacto sería decir que dialoga con Vallejo desde una sensibilidad contemporánea, incorporando al mismo tiempo registros urbanos, tecnológicos y cotidianos que pertenecen a otra época.

La presencia de una computadora o un teclado, por ejemplo, introduce un elemento contemporáneo en medio de una poética de raíz existencial.


12. La estación del otoño: metáfora del envejecimiento y de la conciencia

El otoño constituye posiblemente el símbolo estacional más importante del libro.

Aparece como:

  • amigo;
  • visitante;
  • cómplice;
  • presencia amorosa;
  • estado espiritual;
  • metáfora de decadencia.

En “Contra lo que dice el viento”, el otoño se encuentra relacionado con la repetición de las penas y con una especie de permanencia melancólica.

En “Hoy comprendo que soy prisionero del tiempo”, el sujeto le roba espinas al otoño y deja al invierno sin abrigo.

El otoño es, en consecuencia, el tiempo hecho paisaje.

No es solamente una estación: es la conciencia de que todo aquello que florece está destinado a perder sus hojas.

Por ello el otoño puede leerse como una figura del propio sujeto poético.



Poeta Nivardo Vasni Córdoba Salinas nació en Cayaltí (Chiclayo - Lambayeque) el 29 de diciembre de 1969.



13. El cuerpo: último territorio de la existencia

Hacia la parte final del libro, la poesía se vuelve más corporal.

“Retener el dolor” intenta inscribir el sufrimiento directamente sobre la piel, las manos y los dedos.

“Este cuerpo agoniza” radicaliza todavía más esa corporalización. El cuerpo aparece como lugar donde se acumulan los días, la sangre, las huellas, el deseo, la rutina y la muerte.

El tránsito del libro puede entenderse entonces como un desplazamiento:

del paisaje exterior hacia el cuerpo interior.

Al comienzo encontramos mar, ciudad, parques, calles y ventanas. Al final encontramos sangre, respiración, dolor, sombra y agonía.

La exterioridad termina interiorizándose.

El mundo entero parece terminar alojado dentro del cuerpo.


14. La muerte: no como acontecimiento, sino como horizonte

La muerte atraviesa el poemario desde mucho antes de aparecer explícitamente.

Ya está contenida en expresiones como:

  • “predestinado a desaparecer”;
  • “comenzar a desaparecer”;
  • “prisionero del tiempo”;
  • “naufragio”;
  • “sepulcro”;
  • “cuerpo agoniza”.

Cuando aparece el poema “Hoy más que nunca deseo morir”, la muerte ya no constituye una sorpresa temática: es la consecuencia extrema de un proceso que el libro ha venido construyendo.

Es importante, además, observar que la muerte no siempre significa simplemente final.

En ocasiones implica:

  • retorno;
  • transformación;
  • desaparición;
  • liberación;
  • recuperación de la infancia;
  • suspensión del tiempo.

El deseo de morir se mezcla con el deseo de regresar a un estado anterior del ser.

La muerte aparece así como la fantasía de una restitución imposible.


15. El yo lírico: identidad fragmentada

El hablante de Poesía ínfima no posee una identidad plenamente estable.

Se presenta sucesivamente como:

  • prisionero;
  • sombra;
  • naufragio;
  • barquito de papel;
  • caminante;
  • soñador;
  • enfermo;
  • poeta;
  • cuerpo;
  • memoria;
  • silencio.

Esta inestabilidad es coherente con la estructura del poemario.

El “yo” no se define por una biografía lineal, sino por estados de conciencia.

En “El poema me busca encontrándome”, incluso el propio poema se convierte en interlocutor del sujeto.

Podemos hablar, por ello, de una identidad lírica relacional: el sujeto existe en relación con el recuerdo, el mar, el viento, las estaciones, la palabra y el poema.


16. Sintaxis y ritmo: una escritura que reproduce la conciencia

Desde el punto de vista formal, uno de los rasgos más evidentes es el predominio de largas unidades sintácticas, con abundancia de coordinaciones, asociaciones y desplazamientos semánticos.

El primer poema constituye un ejemplo particularmente claro: una larga corriente verbal que encadena imágenes y acontecimientos sin someterlos siempre a una relación causal explícita.

Esta técnica puede interpretarse como una forma de escritura de flujo de conciencia.

La puntuación no siempre funciona para ordenar racionalmente la experiencia; funciona para mantenerla en movimiento.

La frase parece avanzar porque el pensamiento necesita continuar antes de detenerse.

De ahí que algunos poemas puedan leerse casi como respiraciones prolongadas.

La forma reproduce el estado psicológico del hablante: un pensamiento que no logra concluir porque tampoco logra resolver aquello que lo origina.


17. Prosa poética: ampliación del campo expresivo

La inclusión de poemas en prosa es particularmente importante.

“Desde un cordel del cielo” se presenta como poema en prosa y recupera un episodio vinculado con la infancia minera del autor.

Asimismo, la edición de Fastos informa que cuatro poemas en prosa —“Llego a medianoche”, “Hoy más que nunca”, “Retener el dolor” y “Este cuerpo agoniza”— pertenecen a la versión inicial del libro y fueron incorporados por primera vez en esta publicación.

Este dato editorial permite considerar la obra como un proyecto poético de larga duración, cuya configuración ha sufrido modificaciones.

La prosa poética amplía la tendencia del autor a la asociación libre, porque elimina parcialmente las expectativas métricas y permite desarrollar una respiración discursiva más extensa.

No obstante, aquí aparece también una de las principales tensiones estéticas del libro: la abundancia verbal.


18. Una virtud y, simultáneamente, un riesgo: la exuberancia metafórica

Desde una perspectiva crítica rigurosa, el poemario presenta una virtud que también constituye su principal riesgo: su intensa producción de imágenes.

El autor posee una notable capacidad para establecer relaciones inesperadas entre objetos y estados emocionales. Sin embargo, en algunos momentos la sucesión metafórica resulta tan intensa que la imagen pierde parte de su capacidad de impacto por acumulación.

Este fenómeno puede observarse especialmente en los poemas de mayor extensión, donde una imagen poderosa es seguida rápidamente por otra, y luego por otra, sin que siempre exista un momento de reposo interpretativo.

La consecuencia es doble:

Fortaleza: el lector ingresa en un universo imaginativo intenso, móvil y alucinatorio.

Riesgo: determinadas asociaciones pueden percibirse como reiterativas o como una acumulación de imágenes de similar intensidad.

La crítica de Julio Aponte reconoce precisamente el carácter fragmentario y doloroso de esta escritura, señalando que los poemas hablan desde un monólogo hecho de fragmentos y herramientas de supervivencia.

Desde una perspectiva académica, podría decirse que la fragmentación es estética cuando produce sentido, pero puede volverse redundancia cuando la acumulación deja de generar tensión.

Este es probablemente el aspecto que más podría beneficiarse de una edición crítica futura.


19. Repetición: defecto aparente, procedimiento estructural

La repetición de ciertas palabras y símbolos podría ser considerada inicialmente una limitación:

mar, viento, otoño, invierno, noche, silencio, ventana, sueño, corazón, dolor, tiempo, sombra.

Sin embargo, una lectura global demuestra que estos elementos funcionan como leitmotivs.

El autor no intenta agotar una imagen en una sola aparición. La hace regresar transformada.

El mar de un poema no es exactamente el mismo mar de otro.

El otoño cambia de función.

La ventana puede ser refugio, prisión, memoria o frontera.

El silencio puede ser vacío, resistencia, imposibilidad o materia poética.

La repetición crea así una suerte de sistema simbólico interno.


20. La contradicción como principio de composición

Quizá el procedimiento retórico más característico de Poesía ínfima sea la paradoja.

El poemario parece avanzar mediante afirmaciones que contienen su propia negación:

  • hablar/callar;
  • día/noche;
  • sueño/vigilia;
  • vida/muerte;
  • memoria/olvido;
  • libertad/prisión;
  • presencia/ausencia;
  • pasado/futuro;
  • palabra/Nada.

El poema “El día comienza cuando duermes” sintetiza extraordinariamente esta lógica. El día empieza en el sueño y la noche permanece cuando debería llegar el alba.

No estamos ante contradicciones accidentales. Son el principio epistemológico del poemario.

El mundo aparece contradictorio porque la conciencia que lo percibe también lo es.


21. “El poema me busca”: una declaración de poética

Entre todos los textos, “El poema me busca encontrándome” merece una atención particular porque puede leerse como una metapoética.

Aquí el poema se personifica y busca al poeta. El sujeto reconoce que alguna vez estuvo íntimamente unido a él, pero ya no recuerda su perfil.

La creación poética es presentada entonces como una relación afectiva:

el poeta pierde al poema, el poema encuentra al poeta.

Esto explica buena parte del libro.

La escritura no es simplemente un instrumento de expresión. Es un proceso de recuperación.

El poeta escribe para reconocerse en aquello que ha escrito.


22. El “exilio personal”: clave para comprender la obra

La nota biográfica editorial informa que Poesía ínfima fue escrita entre 2000 y 2002, durante un “exilio personal” del autor en la casa de su abuela materna en Chiclayo.

Sin convertir automáticamente la biografía en explicación del poema —riesgo frecuente de la crítica biografista—, este dato resulta compatible con una de las estructuras fundamentales del libro: el retiro.

Aparecen expresiones como:

  • “mi inmenso retiro”;
  • “este inmenso retiro”;
  • “encerrado entre cuatro paredes”;
  • “sentado sobre el viejo muelle”;
  • “me perdí”;
  • “mi soledad”.

La experiencia del aislamiento parece transformarse en método de percepción.

El mundo exterior se vuelve más intenso porque el sujeto se encuentra apartado de él.


23. La dimensión peruana del poemario

La obra no construye una identidad nacional mediante proclamas explícitas. Lo peruano aparece de manera más compleja: a través de la geografía, los objetos, el transporte, la ciudad, la memoria minera, la tradición literaria y el registro cotidiano.

La presencia de la combi y del mototaxi, por ejemplo, incorpora una materialidad reconocible de la experiencia urbana y provincial peruana.

La infancia minera, por otro lado, introduce un espacio histórico de enorme relevancia para la literatura peruana.

Y el diálogo con Vallejo y Luis Hernández establece una genealogía literaria nacional.

En consecuencia, Poesía ínfima puede ser considerada una obra inserta en la tradición peruana, aunque su discurso no sea nacionalista.


24. Una poesía de frontera entre comunicación y hermetismo

El poemario se encuentra en una zona interesante entre dos tendencias.

Por un lado, existe una voluntad comunicativa evidente. El título inaugural “Decir algo en vez de callar” lo confirma.

Por otro, las asociaciones surrealizantes y las rupturas lógicas conducen al hermetismo.

Esta tensión es productiva.

Córdova Salinas no busca escribir una poesía completamente transparente. Pero tampoco persigue un hermetismo absoluto.

Su procedimiento consiste en decir mediante imágenes aquello que el discurso racional no puede decir directamente.

El lector, por tanto, no recibe un significado terminado. Debe reconstruirlo.


25. Los cuatro últimos poemas y la radicalización de la poética

Los cuatro textos incorporados como primicia en la edición de Fastos adquieren una importancia especial porque funcionan como una suerte de zona terminal del proyecto poético.

“Llego a medianoche” presenta la vida como tránsito hacia la medianoche.

“Hoy más que nunca deseo morir” convierte la desaparición en deseo explícito y la vincula con el regreso a la infancia.

“Retener el dolor” muestra la lucha por conservar, nombrar o transformar la experiencia dolorosa mediante la escritura.

Finalmente, “Este cuerpo agoniza” convierte el cuerpo en el espacio definitivo de esa experiencia.

Estos poemas hacen visible una progresión:

medianoche → muerte → dolor → cuerpo agonizante.

Pero paradójicamente, en “Este cuerpo agoniza”, el sujeto afirma su deseo de “vivir de lo que sueño”.

Es decir, incluso en el punto de máxima oscuridad permanece una voluntad de existencia.


26. La gran paradoja final: una poesía de muerte que insiste en vivir

Este quizá sea el descubrimiento más importante de una lectura completa del libro.

Poesía ínfima parece ser una poesía de muerte, pero en realidad es una poesía de resistencia ante la desaparición.

El sujeto dice:

  • quiere desaparecer;
  • quiere dormir;
  • quiere morir;
  • quiere olvidar;
  • quiere callar;

pero simultáneamente:

  • escribe;
  • recuerda;
  • sueña;
  • habla;
  • escucha;
  • espera;
  • canta.

El acto mismo de escribir contradice el deseo de desaparición.

Por eso la poesía funciona como supervivencia.

El poema “Retener el dolor” lo expresa de manera particularmente significativa: incluso cuando todo parece reducirse a un “débil soplo”, existe la necesidad de escribir algo.

La escritura es, entonces, el último gesto de resistencia del sujeto frente al tiempo.


27. Valoración estética

Desde una perspectiva estrictamente literaria, Poesía ínfima posee varios méritos sobresalientes.

a) Posee una voz reconocible

El conjunto desarrolla una identidad estilística coherente: asociaciones inesperadas, recurrencia simbólica, tono confesional, temporalidad fragmentada y fuerte presencia del paisaje.

b) Construye un universo simbólico propio

Mar, viento, otoño, invierno, ventana, sombra, silencio, sueño y corazón no son elementos decorativos. Funcionan como un sistema de correspondencias.

c) Convierte lo cotidiano en materia metafísica

La combi, el mototaxi, el mercado, el teclado, la taza de té o la bolsa plástica adquieren valor poético.

d) Posee una importante dimensión metapoética

El libro reflexiona constantemente sobre su propio acto de escritura.

e) Dialoga con la tradición peruana sin quedar completamente absorbido por ella

La relación con Vallejo y Luis Hernández resulta explícita, pero el autor desarrolla una voz propia.

f) Su mayor fortaleza es la autenticidad de su tono

El dolor no aparece como argumento ornamental. Constituye la materia misma de la voz poética.


28. Aspectos susceptibles de una valoración crítica más exigente

Una crítica académica no debería limitarse al elogio.

El principal punto discutible del poemario es su tendencia a la reiteración semántica y metafórica.

El lector encuentra numerosas recurrencias de:

  • soledad;
  • dolor;
  • mar;
  • otoño;
  • silencio;
  • sombra;
  • sueño;
  • muerte;
  • ventana.

Esta insistencia es deliberada y contribuye a la unidad del libro, pero en determinados pasajes puede reducir la capacidad de sorpresa.

Asimismo, algunos poemas parecen confiar demasiado en la intensidad emocional de la imagen y menos en su depuración formal.

En consecuencia, puede sostenerse que Córdova Salinas posee una imaginación poética más poderosa que contenida.

No se trata necesariamente de una deficiencia. Es una característica de su escritura. Su poética prefiere el desbordamiento antes que la economía extrema.

Sin embargo, una futura edición crítica podría beneficiarse de una revisión que distinguiera con mayor severidad entre:

imagen indispensable / imagen complementaria / imagen redundante.

Una poda selectiva probablemente incrementaría la potencia de algunos textos sin modificar su identidad.


29. Una posible ubicación estética

Sin reducir al autor a una sola etiqueta, Poesía ínfima puede situarse en la intersección de varias tendencias:

poesía existencial
por su preocupación por el tiempo, la muerte, la soledad y la identidad;

poesía surrealizante
por sus asociaciones inesperadas y rupturas de la lógica convencional;

poesía de la experiencia
por su utilización de objetos, lugares y situaciones cotidianas;

poesía metapoética
por su permanente reflexión sobre la palabra y el poema;

poesía de la memoria
por su recuperación fragmentaria de infancia, amor y pérdida;

poesía urbana y periférica
por su incorporación de espacios concretos y objetos de la vida cotidiana.

La singularidad del libro emerge justamente de la combinación de estas dimensiones.


30. Conclusión: la grandeza de una poesía que se declara pequeña

El mayor acierto conceptual de Poesía ínfima consiste en que el título termina siendo mucho más que una denominación: es una estética.

Lo ínfimo es:

  • el recuerdo mínimo;
  • la palabra aislada;
  • el objeto cotidiano;
  • la sombra;
  • el soplo;
  • la voz que apenas alcanza;
  • el cuerpo que agoniza;
  • el instante antes de desaparecer.

Pero precisamente desde esas dimensiones aparentemente menores el poemario intenta formular preguntas enormes.

¿Qué queda cuando la memoria se pierde?

¿Qué significa hablar cuando las palabras ya no alcanzan?

¿Puede el poema vencer al tiempo?

¿Es posible recordar sin volver a sufrir?

¿La muerte representa el final o una forma extrema de regreso?

¿Puede la escritura conservar aquello que inevitablemente desaparece?

El libro no responde de manera definitiva a estas preguntas. Y ahí reside uno de sus valores.

Su propia conclusión lo declara: “El enigma de la existencia no cabe en esta mi secreta canción”.

Ese verso puede entenderse como la verdadera tesis estética del poemario.

La poesía no resuelve el enigma de la existencia.

Lo acompaña.

Y quizá por eso el sujeto continúa escribiendo.

Porque si la existencia no puede ser explicada, puede al menos ser convertida en imagen; si el dolor no puede ser eliminado, puede transformarse en lenguaje; si el tiempo no puede detenerse, puede ser enfrentado mediante la memoria; y si la muerte resulta inevitable, queda todavía la palabra como último vestigio de una conciencia que se resiste a desaparecer.

En este sentido, Poesía ínfima no es una poesía pequeña. Es una poesía que encuentra en lo pequeño la dimensión de lo absoluto.

Su aparente sencillez es engañosa. Bajo ella existe una compleja meditación sobre la condición humana. El sujeto lírico está permanentemente situado en un umbral: entre el habla y el silencio, entre el recuerdo y el olvido, entre el sueño y la vigilia, entre el pasado y el futuro, entre la vida y la muerte.

Y precisamente allí, en ese espacio fronterizo, aparece el poema.

Por ello, la propuesta de Córdova Salinas puede sintetizarse en una fórmula crítica:

la poesía como resistencia mínima frente a la desaparición absoluta.

El gesto es “ínfimo” porque apenas consiste en decir una palabra, recordar una imagen, contemplar una ventana, escuchar el mar o escribir un verso. Pero es también enorme porque ese gesto constituye la última forma de afirmar que se ha estado aquí.

La biografía editorial señala que el libro fue escrito entre 2000 y 2002 y que posteriormente tuvo una trayectoria artesanal, digital y ahora editorial, incorporándose en 2026 cuatro textos que pertenecían a su versión inicial. Esa historia editorial resulta, paradójicamente, coherente con la poética del libro: un conjunto nacido de un período de retiro personal, conservado a través de distintas formas de publicación y finalmente recuperado décadas después.

Así, la propia existencia material de Poesía ínfima parece reproducir su tema central:

lo que estaba destinado a desaparecer, vuelve.

Y vuelve convertido en palabra.


Valoración crítica final

En términos de una evaluación académica global, Poesía ínfima puede considerarse un poemario de considerable interés dentro de la poesía peruana contemporánea, particularmente por su capacidad para articular una voz existencial con una imaginación de raíz surrealizante, una fuerte conciencia del lenguaje y una sensibilidad arraigada en la experiencia cotidiana.

Su principal virtud es la coherencia de su universo simbólico y la autenticidad de su voz; su principal riesgo, la reiteración de determinados motivos y una ocasional exuberancia metafórica que podría beneficiarse de mayor depuración.

No obstante, esa exuberancia forma parte de su identidad. El poeta no parece buscar la imagen perfecta aislada, sino el desbordamiento de imágenes como representación del desbordamiento interior. Desde esa perspectiva, lo que a primera vista podría parecer exceso puede entenderse también como procedimiento deliberado: la forma misma del poema reproduce una conciencia que no logra contener aquello que recuerda.

En última instancia, Poesía ínfima propone una concepción profundamente humana de la literatura: escribir no para explicar la existencia, sino para soportar su misterio. La palabra no vence al dolor, pero lo transforma; no derrota al tiempo, pero deja una huella contra él; no elimina la muerte, pero permite que una voz continúe hablando cuando todo lo demás parece haber terminado.

Y esa voz —fragmentaria, melancólica, contradictoria, urbana, marina, nocturna y profundamente existencial— constituye la verdadera unidad estética del libro.


Nivardo Vasni Córdoba Salinas Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura. Periodista, editor y escritor independiente.


1 comentario:

  1. Estimado Kiyau Santos, he leído la crítica literaria sobre mi libro "Poesía ínfima" y me he quedado sorprendido por la intensidad y minuciosidad del análisis, a partir de estos versos escritos durante mlnentos nuy dramáticos de mi vida.
    Me gustaría que veas los cuadernos originales, donde hay manuscritos, caligramas y dibujos realizados en Chiclayo en el año 2,000 y 2,002 (en un exilio personal en casa de mi abuela (y luego confinado en "ghetos de exclusión") y que dieron forma a "Poesía ínfima".
    Tu análisis ilumina más estos versos...
    Los poemas durmieron 24 años y caminaron en ediciones artesanales fotocopiadas y versiones digitales, hasta que por la generosidad de JulIo Aponte hoy salen a la estampa en la revista de poesía Fastos, ahora desmenuzadoa, diseccionados en tu crítica.
    Muy agradecido esrimado kiyau Santos, saludos cordiales a nuestro amigo artista plástico y esxritor Salvador Rosado.

    Fraternalmente,
    Nivardo Córdova Salinas.
    Lima, invierno de 2026



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