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viernes, 4 de septiembre de 2026

 Comentario analítico:


SALVADOR ROSADO 

Y EL 

SURREALISMO ABSTRACTO VISIONARIO

Una estética de la conciencia creadora, la imaginación y la expansión de la realidad




MANIFIESTO SURREALISMO ABSTRACTO VISIONARIO de SALVADOR ROSADO, escrito en 1980, y publicado en EEUU el  2024.


En el devenir de las ideas estéticas, los momentos de verdadera renovación artística surgen cuando una obra no se limita a interpretar la realidad existente, sino que se atreve a cuestionar sus fundamentos y a proponer nuevas formas de percibirla, imaginarla y transformarla. En ese horizonte se inscribe Manifiesto Surrealismo Abstracto Visionario, de Salvador Rosado, una propuesta que trasciende la formulación de una determinada sensibilidad artística para constituirse en una reflexión integral sobre las posibilidades de la creación contemporánea. Su planteamiento no responde únicamente a la necesidad de definir una tendencia, sino al propósito de configurar un universo estético capaz de articular imaginación, intuición, pensamiento y libertad creadora. Desde esta perspectiva, el manifiesto adquiere una dimensión programática: plantea una ruptura con las categorías convencionales de representación y reivindica el poder del arte para penetrar en aquellas zonas de la experiencia humana donde lo visible, lo racional y lo consciente resultan insuficientes. Rosado concibe, así, la creación artística como un territorio de exploración permanente, en el que la abstracción y la visión surreal convergen para revelar otras posibilidades de conocimiento y de existencia.

El propio libro sitúa el origen de esta propuesta en Huanchaco–Trujillo, Perú, en 1980, y señala que sus planteamientos fueron posteriormente visualizados en la exposición pictórica Primitivo, realizada en Trujillo en 1996. Esta cronología interna resulta importante porque permite comprender el manifiesto no como una ocurrencia retrospectiva, sino como la sistematización de una búsqueda artística que el autor presenta como iniciada décadas atrás.

Sin embargo, la verdadera importancia de la obra no reside solamente en la fecha que reivindica ni en la denominación de una nueva corriente. Su interés fundamental está en la concepción del acto creador que propone.

Y es precisamente aquí donde aparece uno de los aspectos más decisivos para comprender a Rosado: el Surrealismo Abstracto Visionario no puede ser interpretado como una simple prolongación del surrealismo clásico, porque rechaza su automatismo como principio generador de la creación.

Esta diferencia transforma radicalmente la lectura del manifiesto.


SALVADOR ROSADO en su exposición pictórica PRIMITIVO . Trujillo, 1996.



I. No estamos ante otro surrealismo: estamos ante otra teoría de la creación

La primera tentación crítica sería definir el Surrealismo Abstracto Visionario como una combinación de tres elementos: surrealismo, abstracción y arte visionario. El propio manifiesto utiliza estos tres territorios como puntos de encuentro y plantea una exploración de lo inconsciente, lo abstracto, lo simbólico, lo metafísico y lo cósmico.

Pero esa definición, aunque correcta en un primer nivel, resulta insuficiente.

La originalidad conceptual de Rosado aparece cuando se examina cómo entiende el nacimiento de la obra artística.

El surrealismo histórico otorgó al automatismo una importancia fundamental. La escritura automática, la asociación libre y la disminución del control racional buscaban abrir el camino hacia contenidos psíquicos que no estuvieran sometidos al dominio ordinario de la razón. Históricamente, el automatismo estuvo en el centro de las búsquedas surrealistas vinculadas a la libre asociación y a la producción de imágenes interiores.

Rosado plantea, en cambio, una premisa de naturaleza distinta:

toda creación nace de la conciencia.

Esta afirmación no es un detalle secundario. Constituye una verdadera frontera epistemológica entre el surrealismo clásico y el Surrealismo Abstracto Visionario.

En el primer caso, el artista procura reducir el control consciente para permitir que aparezca aquello que se encuentra oculto. En la concepción de Rosado, el artista no necesita abdicar de su conciencia para crear: es precisamente desde la conciencia que comienza el proceso creador.

Por ello, el automatismo surrealista y el Surrealismo Abstracto Visionario no son, en sentido estricto, mecanismos equivalentes.

Uno busca la liberación de la producción psíquica mediante la disminución del control consciente.

El otro busca la liberación de la conciencia mediante la expansión de sus capacidades imaginativas.

Esta diferencia podría resumirse de manera esquemática:

Surrealismo clásico:
automatismo → asociación → emergencia de imágenes → creación.

Surrealismo Abstracto Visionario:
conciencia → imaginación → visión → transformación → creación.

La diferencia parece pequeña en una fórmula, pero es enorme desde el punto de vista filosófico.


II. La conciencia como matriz de la obra

El gran desplazamiento teórico de Rosado consiste, entonces, en dejar de considerar la conciencia exclusivamente como una instancia represora de la imaginación.

En la tradición surrealista, la razón consciente podía aparecer como una estructura que limitaba la libertad creadora. De allí la búsqueda de procedimientos destinados a debilitar su vigilancia.

Rosado invierte el planteamiento.

Para él, la conciencia puede ser precisamente el espacio desde el cual la imaginación adquiere una libertad superior.

La conciencia ya no constituye necesariamente una frontera; puede convertirse en un territorio expansivo.

Esta idea permite comprender mejor el concepto de “visionario”. El visionarismo de Rosado no debe interpretarse simplemente como una recepción pasiva de imágenes procedentes de una zona inconsciente. La visión puede ser producida por una conciencia que imagina, relaciona, transforma, abstrae y proyecta.

El artista visionario no es, por tanto, únicamente quien “recibe” imágenes: es quien construye posibilidades de realidad a través de una conciencia creadora.

De ahí que el manifiesto pueda desplazarse desde la representación de lo onírico hacia territorios cósmicos, metafísicos, espirituales y abstractos. El propósito ya no consiste solamente en descubrir aquello que permanece oculto en el individuo, sino en imaginar aquello que todavía no posee una forma convencional dentro de la realidad visible.

La imaginación adquiere así una función ontológica: no solamente reproduce el mundo, sino que puede proponer otros mundos.


III. La ruptura con el automatismo es también una ruptura con la pasividad creadora

Esta cuestión merece especial atención.

Si toda creación nace de la conciencia, entonces el artista no ocupa una posición pasiva frente a la obra. No espera que el inconsciente produzca espontáneamente una imagen para después registrarla. El creador participa activamente en la generación de la forma, del símbolo, de la estructura y del significado.

Esto explica el énfasis del manifiesto en la libertad creativa.

Pero se trata de una libertad diferente.

No es la libertad entendida como abandono del control consciente; es la libertad entendida como capacidad consciente de superar los límites establecidos.

El artista puede utilizar la conciencia para construir asociaciones imposibles, espacios inexistentes, símbolos inéditos, realidades cósmicas y estructuras abstractas.

En consecuencia, la conciencia deja de ser solamente racionalidad.

Puede contener:

  • imaginación;
  • intuición;
  • memoria;
  • percepción;
  • asociación;
  • pensamiento simbólico;
  • visión;
  • sensibilidad;
  • proyección;
  • trascendencia.

Esta concepción permite comprender por qué el manifiesto insiste en la imaginación ilimitada, la libertad creativa y la trascendencia de la realidad.

El objetivo no sería escapar de la conciencia, sino ensancharla hasta convertirla en una plataforma de creación.


IV. De la realidad visible a las realidades posibles

El Surrealismo Abstracto Visionario de Rosado se articula alrededor de una voluntad de trascender la realidad inmediata. El libro plantea la exploración de lo tangible y lo intangible, lo visible y lo invisible, lo cósmico y lo metafísico.

Esta propuesta tiene una consecuencia estética decisiva: la obra deja de estar obligada a representar aquello que existe objetivamente.

La pintura puede representar una realidad interior.

Pero también puede representar una realidad imaginada.

Puede representar una posibilidad.

Puede representar un símbolo.

Puede representar una experiencia metafísica.

Puede incluso representar aquello que todavía no posee existencia material.

Aquí la abstracción deja de ser únicamente una eliminación de la figura. Se convierte en una estrategia de expansión de la realidad.

El artista no abstrae simplemente porque renuncia a representar objetos reconocibles; abstrae porque pretende acceder a dimensiones que la representación convencional no puede expresar.

Por eso el concepto de “visionario” complementa al de “abstracto”.

La abstracción libera la forma.

La visión libera el contenido.

Y la conciencia creadora articula ambos.


V. El manifiesto como arquitectura de una nueva sensibilidad

El libro organiza su propuesta alrededor de principios, características, fundamentos, libertad creativa, imaginación, trascendencia, unión de mundos, evolución, filosofía y procedimientos de creación.

Esta estructura revela que Rosado no pretende limitarse a producir obras inspiradas en una sensibilidad particular. Busca establecer una arquitectura conceptual.

El manifiesto quiere explicar:

qué es la corriente;

de dónde surge;

qué principios la sustentan;

cómo se diferencia del surrealismo tradicional;

qué relación mantiene con la abstracción;

cómo se vincula con la literatura;

qué posibilidades ofrece para las artes contemporáneas;

y cómo podría desarrollarse como práctica creativa.

Estamos, por tanto, ante una obra programática.

El manifiesto no dice únicamente “esto es lo que hago”.

Dice, esencialmente:

“esto es lo que considero que el arte puede llegar a hacer”.

Ahí reside su dimensión vanguardista.


VI. Una vanguardia nacida desde el Perú

Otro aspecto relevante es la localización de la propuesta.

Rosado sitúa el nacimiento de su manifiesto en el ámbito peruano, específicamente en Huanchaco–Trujillo.

Esto posee una importancia cultural que no debería minimizarse.

La historia del arte latinoamericano ha estado frecuentemente condicionada por la necesidad de dialogar con movimientos surgidos en Europa y Norteamérica. Las categorías de vanguardia, modernidad, posmodernidad, surrealismo, abstracción y expresionismo han sido muchas veces recibidas desde centros culturales externos.

El proyecto de Rosado plantea una operación diferente:

producir una formulación estética desde el Perú y proyectarla hacia una dimensión universal.

Su propuesta no pretende ser simplemente una versión peruana del surrealismo europeo. Al contrario, busca formular una corriente propia, capaz de incorporar experiencias culturales, espirituales, naturales y cosmológicas asociadas al contexto peruano y latinoamericano.

La biografía incluida en el libro señala, además, sus desplazamientos por diversas regiones del Perú y su interés por símbolos y códigos provenientes de comunidades indígenas y amazónicas.

Esta dimensión permite interpretar su obra dentro de una problemática mayor: la construcción de una modernidad artística latinoamericana capaz de producir conceptos propios sin renunciar al diálogo universal.


VII. Del inconsciente al cosmos

Una de las ampliaciones más significativas del manifiesto consiste en desplazar el centro de interés desde el inconsciente individual hacia una concepción mucho más amplia de la realidad.

El surrealismo clásico dirigió buena parte de su energía hacia el sueño, el deseo, el inconsciente, la fantasía y la libre asociación.

Rosado conserva el interés por lo oculto y lo no visible, pero lo proyecta hacia:

el cosmos, la espiritualidad, la metafísica, lo intangible, lo universal y lo visionario.

El resultado es una ampliación de escala.

El territorio de exploración deja de ser exclusivamente la mente individual.

Ahora comprende también el universo.

El ser humano aparece como una conciencia situada dentro de una realidad mucho mayor.

Por eso la obra puede ser interpretada como una estética de la expansión: expandir la conciencia, expandir la imaginación, expandir la imagen y, finalmente, expandir la idea misma de realidad.


VIII. Una estética de la conciencia expandida

Aquí aparece probablemente el concepto más fértil para interpretar todo el manifiesto:

conciencia expandida.

No debe confundirse con una conciencia pasivamente alterada.

En Rosado, la expansión es esencialmente creadora.

La conciencia se libera de las formas habituales de percepción y comienza a establecer conexiones entre elementos que normalmente permanecen separados.

La naturaleza puede conectarse con el cosmos.

El ser humano puede conectarse con lo metafísico.

La materia puede relacionarse con lo espiritual.

El símbolo puede convertirse en puente entre diferentes realidades.

La imagen puede expresar aquello que el lenguaje ordinario no alcanza.

La conciencia creadora se convierte, de este modo, en una especie de laboratorio de realidades.

Y esta concepción permite comprender por qué la obra insiste en la unión de mundos, la evolución, la imaginación ilimitada y la trascendencia.


IX. La literatura: cuando la palabra se convierte en imagen

Una de las mayores virtudes del manifiesto es que no encierra su propuesta dentro de la pintura.

Rosado extiende sus principios a la literatura.

En el apartado dedicado a la literatura, la palabra aparece concebida como una especie de pincel y la imaginación como un espacio pictórico. La narrativa convencional pierde centralidad y adquieren protagonismo la imagen, la metáfora, la emoción y las asociaciones simbólicas.

Esta transferencia resulta particularmente significativa.

Si la pintura puede abandonar la representación literal para ingresar en territorios visionarios, la literatura puede realizar una operación equivalente.

El escritor ya no tiene que limitarse a contar.

Puede:

evocar, sugerir, condensar, fragmentar, transfigurar, asociar, simbolizar y crear atmósferas.

El lenguaje deja de ser exclusivamente comunicativo y se convierte en materia plástica.

La palabra adquiere volumen imaginativo.

La metáfora deja de ser un simple recurso retórico y pasa a constituir una forma de conocimiento.

La literatura se transforma entonces en una pintura de la conciencia.


X. Una nueva concepción del lector

Esta estética también modifica la función del lector.

En una obra narrativa tradicional, el lector suele seguir una secuencia de acontecimientos, personajes y espacios.

En la literatura propuesta por Rosado, la experiencia puede ser mucho más abierta.

El lector se convierte en intérprete.

La imagen no necesariamente tiene una única traducción.

El símbolo puede producir diferentes recorridos.

La realidad representada puede permanecer deliberadamente ambigua.

Por ello, el lector deja de ser únicamente receptor.

Se convierte en co-creador del significado.

El propio prólogo del libro insiste en la apertura interpretativa y presenta el proyecto como un territorio situado entre surrealismo, abstracción y poesía visionaria, donde la imaginación y la intuición desempeñan un papel fundamental.

La lectura se convierte, de esta manera, en una experiencia de exploración.


XI. Una literatura contra la linealidad

La propuesta literaria del manifiesto rechaza la obligación de mantener una narrativa convencional y lineal. En su lugar, concede especial importancia a la imagen, la metáfora, la emoción, la experimentación semántica y sintáctica y la libertad frente a las estructuras tradicionales.

Aquí puede observarse una consecuencia directa de la teoría de la conciencia creadora.

Si la conciencia no está obligada a pensar exclusivamente de manera lineal, tampoco la literatura tiene por qué reproducir siempre una estructura lineal.

La mente establece saltos.

Recuerda.

Asocia.

Imagina.

Anticipa.

Relaciona.

Transforma.

La literatura visionaria puede reproducir esa movilidad sin necesidad de recurrir al automatismo.

Esta precisión es fundamental: la ruptura de la linealidad no exige necesariamente la renuncia a la conciencia.

Rosado puede defender una literatura experimental sin aceptar que el automatismo sea el principio de su generación.

Esta es otra de las razones por las cuales su propuesta merece ser estudiada como una teoría independiente del acto creador.


XII. El nacimiento consciente de la literatura visionaria

La misma lógica se extiende a los textos literarios vinculados al manifiesto.

El libro registra obras como Delirios Visionarios, El Escriba de la Nada y Ecos del Alma, fechadas en 1980 y firmadas bajo el pseudónimo Red Boy.

Estas obras no aparecen simplemente como ejercicios literarios aislados.

Son presentadas como manifestaciones de la teoría estética.

Por ello, el valor de estos textos no debería medirse exclusivamente por sus resultados literarios individuales, sino también por su función dentro del proyecto general: demostrar que los principios formulados en el manifiesto pueden convertirse en práctica poética y narrativa.

La teoría se transforma en escritura.

La pintura se transforma en literatura.

La literatura vuelve a transformarse en imagen.

El sistema adquiere así una naturaleza interdisciplinaria.


XIII. El diálogo entre pintura y literatura

Una de las características más contemporáneas del proyecto es precisamente esa voluntad de borrar las fronteras rígidas entre disciplinas.

Rosado es presentado como pintor y escritor, y su producción visual y literaria se plantea como derivación de una misma concepción estética.

Esta unidad resulta particularmente importante en una época en que las prácticas artísticas contemporáneas tienden a cruzar soportes, géneros y lenguajes.

El manifiesto propone una estética donde:

la pintura piensa;
la literatura pinta;
la imaginación filosofa;
el símbolo narra;
y la conciencia crea.

Es difícil encontrar una formulación más sintética para definir su aspiración interdisciplinaria.


XIV. La importancia histórica del año 1980

El año 1980 merece una consideración especial.

El libro afirma que la propuesta fue concebida en ese momento y posteriormente manifestada en la práctica artística.

Desde una perspectiva crítica rigurosa, esta afirmación debe entenderse como la cronología histórica que el propio autor documenta y reivindica, no como una prioridad universal ya demostrada por toda la historiografía del arte.

Para establecer históricamente que el Surrealismo Abstracto Visionario fue una corriente pionera o anticipatoria respecto de determinadas tendencias internacionales sería necesario contrastar archivos, catálogos, exposiciones, publicaciones y testimonios contemporáneos.

Pero existe una cuestión que puede afirmarse independientemente de esa verificación externa:

el manifiesto conserva un valor documental como testimonio de una búsqueda estética desarrollada por Salvador Rosado desde el contexto peruano.

Y esa condición es significativa.

La historia del arte no se construye solamente con los movimientos que alcanzaron inmediatamente reconocimiento internacional. También necesita recuperar aquellas propuestas periféricas, regionales o independientes que intentaron formular alternativas desde otros lugares.


XV. Originalidad: más allá de la combinación de tres palabras

Decir que el Surrealismo Abstracto Visionario fusiona surrealismo, abstracción y visionarismo no basta para explicar su originalidad.

La verdadera cuestión está en cómo reorganiza esos elementos bajo una concepción distinta de la conciencia.

No se trata simplemente de:

surrealismo + abstracción + visión.

Se trata de:

conciencia + imaginación + abstracción + visión + trascendencia.

Esta diferencia convierte la propuesta en algo más complejo que una mezcla estética.

Rosado pretende construir una teoría del arte en la que la conciencia constituye el principio generador y la imaginación funciona como capacidad de expansión.

Así, la abstracción no es solamente formal.

Es epistemológica.

La visión no es solamente temática.

Es creadora.

La imaginación no es solamente ornamental.

Es generativa.

Y la conciencia no es solamente racional.

Es productora de mundos.


XVI. El manifiesto frente al surrealismo clásico

La comparación con el surrealismo tradicional adquiere aquí su máxima importancia.

El propio libro establece una diferenciación explícita entre ambos. Mientras el surrealismo del siglo XX se relaciona con el inconsciente, los sueños, la fantasía, la escritura automática y la asociación libre, Rosado plantea una expansión hacia dimensiones cósmicas, espirituales, metafísicas, invisibles e intangibles.

Pero debe añadirse la precisión fundamental:

Rosado no solamente amplía los temas del surrealismo; modifica su principio de generación.

Este es probablemente el punto más importante de todo el manifiesto.

Si el automatismo constituye una de las bases metodológicas del surrealismo clásico, entonces la afirmación de que toda creación nace de la conciencia representa una separación teórica decisiva.

La ruptura no es solamente:

figuración → abstracción.

Ni solamente:

sueño → cosmos.

Es también:

automatismo → conciencia creadora.

Y, en última instancia:

liberación del inconsciente → expansión de la conciencia.


XVII. La contemporaneidad de la propuesta

El manifiesto adquiere particular interés cuando se lo relaciona con la evolución posterior de las artes.

El propio libro propone la utilización de medios como recursos digitales, instalaciones y performances, junto con una ampliación de los lenguajes visuales y una mayor apertura hacia influencias espirituales, científicas, filosóficas y cosmológicas.

Esto revela una voluntad de pensar el arte más allá de la pintura de caballete.

La propuesta puede dialogar con una concepción expandida del arte:

obra + espacio + cuerpo + tecnología + literatura + pensamiento + experiencia.

Pero existe una diferencia importante: Rosado no parece entender la tecnología como el centro de la transformación. El centro continúa siendo la conciencia humana.

La tecnología puede cambiar el soporte.

La conciencia cambia la obra.


XVIII. Una filosofía de la imaginación

El manifiesto puede ser leído también como un texto filosófico.

Su pregunta fundamental no es exclusivamente estética.

Es antropológica:

¿qué puede llegar a crear el ser humano cuando su conciencia deja de aceptar la realidad como límite absoluto?

La respuesta de Rosado parece encontrarse en la imaginación.

La imaginación no aparece como evasión.

Es una facultad cognitiva y creadora.

Permite visualizar lo inexistente.

Relacionar realidades.

Crear símbolos.

Explorar lo intangible.

Imaginar otros mundos.

Reformular la experiencia.

De esta manera, el arte se convierte en una forma de investigación.

El artista no solamente produce objetos bellos.

Investiga posibilidades de existencia.


XIX. La dimensión espiritual y cósmica

Otro elemento que distingue al proyecto es su apertura hacia lo espiritual, metafísico y cósmico.

No estamos ante una concepción exclusivamente psicológica del arte.

La obra busca una escala mayor.

La conciencia individual se proyecta hacia el universo.

El símbolo se convierte en puente.

La naturaleza adquiere dimensión espiritual.

Lo intangible puede convertirse en materia artística.

Esta visión permite comprender el término “visionario” no como simple adjetivo ornamental, sino como una categoría estética y filosófica.

Visionario es quien pretende hacer visible lo que todavía no posee visibilidad.


XX. Una estética de la incertidumbre

El arte de Rosado no parece aspirar a cerrar completamente el significado.

Su propuesta deja espacio para el misterio.

Y el misterio resulta fundamental en una estética basada en la conciencia expansiva.

Cuando una imagen no tiene una interpretación única, obliga al espectador a participar.

Cuando un poema no entrega una explicación definitiva, exige imaginación.

Cuando una pintura no reproduce una realidad reconocible, obliga a construir otra.

La incertidumbre deja de ser una carencia.

Se convierte en método.

El arte no tiene que explicar todo.

Puede abrir preguntas.


XXI. El legado en las artes contemporáneas

Hablar del legado de una corriente artística exige prudencia.

El epílogo del propio manifiesto presenta la propuesta como una herencia destinada a las futuras generaciones y como una invitación a cuestionar las fronteras de la realidad.

Ese es el legado que la obra aspira a construir.

El legado histórico efectivo, sin embargo, depende de la recepción futura, de la investigación crítica, de la circulación de la obra, de su incorporación a estudios académicos, exposiciones, antologías y debates artísticos.

En ese sentido, resulta más riguroso hablar de potencial de legado que de legado definitivamente consolidado.

Y ese potencial es considerable porque la propuesta contiene varias líneas de interés contemporáneo:

  • la integración entre pintura y literatura;
  • la experimentación interdisciplinaria;
  • la expansión de la abstracción;
  • la exploración de realidades no visibles;
  • la relación entre arte y pensamiento;
  • la dimensión cosmológica de la imaginación;
  • la incorporación de medios y soportes diversos;
  • y, especialmente, la concepción de la conciencia como fuente de creación.

XXII. Una posible contribución a la literatura peruana

En el terreno literario, la propuesta merece atención porque plantea una poética que no depende exclusivamente de las estructuras narrativas tradicionales.

La escritura visionaria puede convertirse en un espacio de experimentación donde imagen, símbolo, emoción, pensamiento y lenguaje se fusionan.

Esto coloca al proyecto dentro de una larga tradición latinoamericana de exploración de las fronteras del lenguaje, pero con una particularidad: Rosado pretende formular una estética propia que no dependa enteramente de las categorías históricas existentes.

Su literatura busca ser simultáneamente:

poética, pictórica, filosófica, simbólica y visionaria.

El resultado puede ser leído como una tentativa de construir un territorio literario propio.


XXIII. Salvador Rosado: artista y constructor de un sistema

La figura de Salvador Rosado adquiere así una dimensión particular.

No se limita a ser un artista que produce obras.

Intenta construir un sistema estético.

La biografía del libro lo presenta como pintor y escritor, con formación artística en talleres privados y estudios en áreas como Computación e Informática, Ingeniería Civil y Arquitectura, además de experiencias vinculadas a diferentes regiones del Perú.

Esta diversidad resulta coherente con la naturaleza interdisciplinaria del manifiesto.

La arquitectura puede aportar concepción espacial.

La informática puede abrir posibilidades tecnológicas.

La pintura proporciona pensamiento visual.

La literatura aporta lenguaje.

La filosofía aporta preguntas.

La imaginación establece las conexiones.

La conciencia integra el conjunto.


XXIV. Una vanguardia de la conciencia

Después de examinar el conjunto, puede proponerse una interpretación más precisa del movimiento.

El Surrealismo Abstracto Visionario no sería únicamente una vanguardia de la imagen.

Sería una vanguardia de la conciencia creadora.

Esta formulación permite comprender mejor todas sus partes.

La abstracción libera la forma.

El surrealismo aporta la ruptura con la realidad convencional.

El visionarismo amplía el campo de lo posible.

La imaginación conecta dimensiones.

La conciencia origina el acto creador.

La filosofía proporciona profundidad.

La literatura traduce la visión en lenguaje.

La pintura convierte la visión en materia.

El cosmos proporciona horizonte.

El resultado es una estética que intenta transformar no solamente la obra, sino la manera de comprender al artista.


XXV. El derecho del artista a crear una realidad propia

En última instancia, el manifiesto puede ser interpretado como una defensa radical de la libertad creadora.

Pero no de una libertad entendida como ausencia absoluta de conciencia.

Todo lo contrario.

Es una libertad que nace de la conciencia y que consiste en no aceptar que la realidad visible constituya el límite definitivo de la creación.

El artista puede imaginar lo imposible.

Puede deformar lo conocido.

Puede inventar símbolos.

Puede crear universos.

Puede convertir una palabra en imagen.

Puede convertir una imagen en pensamiento.

Puede convertir el pensamiento en visión.

Y puede convertir la visión en obra.

Ese itinerario constituye probablemente la columna vertebral de la propuesta de Rosado.


XXVI. Del automatismo a la conciencia creadora

Manifiesto Surrealismo Abstracto Visionario debe ser leído, por tanto, como algo más que una declaración estética. Es un intento de formular una teoría integral de la creación artística desde una perspectiva que Salvador Rosado sitúa en el Perú y que pretende proyectar hacia una dimensión universal.

Su originalidad más profunda no consiste simplemente en haber unido surrealismo, abstracción y visionarismo.

Su verdadera singularidad conceptual se encuentra en la modificación del principio creador.

El surrealismo clásico buscó en el automatismo una vía para liberar la producción artística del control consciente. Rosado plantea una dirección diferente: la creación comienza en la conciencia.

Desde esta perspectiva, el inconsciente puede formar parte del universo explorado, pero deja de constituir necesariamente el motor soberano de la creación. La conciencia no tiene que desaparecer para que aparezca la imaginación. Debe, por el contrario, expandirse.

Esta inversión conceptual permite formular la diferencia fundamental:

El surrealismo clásico buscó liberar al arte mediante la suspensión del control consciente; el Surrealismo Abstracto Visionario busca liberar la conciencia mediante la expansión de su capacidad creadora.

De esta premisa se desprende todo lo demás.

La abstracción deja de ser únicamente una ruptura con la figura y se convierte en una posibilidad de representar lo invisible.

La visión deja de ser solamente una experiencia onírica y se convierte en capacidad de proyectar realidades posibles.

La literatura deja de estar obligada a narrar linealmente y puede convertirse en pintura verbal de la conciencia.

La pintura deja de limitarse a representar el mundo y puede convertirse en pensamiento visual.

La imaginación deja de ser evasión y se transforma en instrumento de conocimiento.

El artista deja de ser un receptor pasivo de imágenes y se convierte en constructor consciente de universos simbólicos.

Y el lector o espectador deja de ser un consumidor de significados para convertirse en explorador.

Por ello, el valor histórico y cultural del manifiesto no debería medirse únicamente por la eventual aceptación inmediata de la denominación “Surrealismo Abstracto Visionario”. Su importancia radica también en haber intentado formular, desde una experiencia artística peruana, una teoría de la creación fundada en la conciencia, la imaginación y la trascendencia de la realidad visible.

El propio epílogo del libro concibe esta propuesta como una herencia para quienes vendrán y como una invitación a desafiar los límites de la realidad. Esa aspiración constituye, precisamente, el desafío crítico del presente: determinar hasta dónde esta formulación puede incorporarse a la historia del arte y de la literatura contemporáneos mediante investigaciones, exposiciones, publicaciones y recepción crítica independiente.

Pero hay una afirmación que puede sostenerse desde la lectura misma de la obra:

Salvador Rosado no propone únicamente cambiar la apariencia del arte. Propone cambiar el lugar desde donde el arte comienza.

Ese lugar es la conciencia.

Y desde ella, la imaginación.

Y desde la imaginación, la visión.

Y desde la visión, la posibilidad de crear aquello que todavía no existe.

En esa secuencia reside la apuesta estética, filosófica y literaria más profunda de Manifiesto Surrealismo Abstracto Visionario.

No se trata, finalmente, de escapar de la realidad.

Se trata de afirmar que la conciencia humana posee la capacidad de imaginar otras realidades y convertirlas en obra.

Ese es el verdadero núcleo de su propuesta.

Y también, posiblemente, la razón por la cual este manifiesto merece ser estudiado no solamente como documento de una experiencia artística individual, sino como una tentativa de incorporar al debate contemporáneo una pregunta tan antigua como el propio arte:

¿hasta dónde puede llegar el ser humano cuando comprende que crear no significa dejar de ser consciente, sino llevar la conciencia más allá de sus límites conocidos?



Salvador Rosado es el autor del manifiesto y el pintor cuya obra visual acompaña el proyecto. “Red Boy” es el seudónimo con el que firma su producción literaria. El propio texto identifica bajo ese nombre las obras: Delirios visionarios, El escriba de la nada, Ecos del alma, inspiradas en los postulados del Manifiesto Surrealismo Abstracto Visionario.



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