Comentario analítico:
SALVADOR ROSADO
Y EL
SURREALISMO ABSTRACTO VISIONARIO
Una estética de la conciencia creadora, la
imaginación y la expansión de la realidad
En el
devenir de las ideas estéticas, los momentos de verdadera renovación artística
surgen cuando una obra no se limita a interpretar la realidad existente, sino
que se atreve a cuestionar sus fundamentos y a proponer nuevas formas de
percibirla, imaginarla y transformarla. En ese horizonte se inscribe Manifiesto
Surrealismo Abstracto Visionario, de Salvador Rosado, una propuesta que
trasciende la formulación de una determinada sensibilidad artística para
constituirse en una reflexión integral sobre las posibilidades de la creación
contemporánea. Su planteamiento no responde únicamente a la necesidad de
definir una tendencia, sino al propósito de configurar un universo estético
capaz de articular imaginación, intuición, pensamiento y libertad creadora. Desde
esta perspectiva, el manifiesto adquiere una dimensión programática: plantea
una ruptura con las categorías convencionales de representación y reivindica el
poder del arte para penetrar en aquellas zonas de la experiencia humana donde
lo visible, lo racional y lo consciente resultan insuficientes. Rosado concibe,
así, la creación artística como un territorio de exploración permanente, en el
que la abstracción y la visión surreal convergen para revelar otras
posibilidades de conocimiento y de existencia.
El propio
libro sitúa el origen de esta propuesta en Huanchaco–Trujillo, Perú, en 1980,
y señala que sus planteamientos fueron posteriormente visualizados en la
exposición pictórica Primitivo, realizada en Trujillo en 1996. Esta
cronología interna resulta importante porque permite comprender el manifiesto
no como una ocurrencia retrospectiva, sino como la sistematización de una
búsqueda artística que el autor presenta como iniciada décadas atrás.
Sin
embargo, la verdadera importancia de la obra no reside solamente en la fecha
que reivindica ni en la denominación de una nueva corriente. Su interés
fundamental está en la concepción del acto creador que propone.
Y es
precisamente aquí donde aparece uno de los aspectos más decisivos para
comprender a Rosado: el Surrealismo Abstracto Visionario no puede ser
interpretado como una simple prolongación del surrealismo clásico, porque
rechaza su automatismo como principio generador de la creación.
Esta
diferencia transforma radicalmente la lectura del manifiesto.
I. No estamos ante otro surrealismo: estamos ante
otra teoría de la creación
La
primera tentación crítica sería definir el Surrealismo Abstracto Visionario
como una combinación de tres elementos: surrealismo, abstracción y arte
visionario. El propio manifiesto utiliza estos tres territorios como puntos de
encuentro y plantea una exploración de lo inconsciente, lo abstracto, lo
simbólico, lo metafísico y lo cósmico.
Pero esa
definición, aunque correcta en un primer nivel, resulta insuficiente.
La
originalidad conceptual de Rosado aparece cuando se examina cómo entiende el
nacimiento de la obra artística.
El
surrealismo histórico otorgó al automatismo una importancia fundamental. La
escritura automática, la asociación libre y la disminución del control racional
buscaban abrir el camino hacia contenidos psíquicos que no estuvieran sometidos
al dominio ordinario de la razón. Históricamente, el automatismo estuvo en el
centro de las búsquedas surrealistas vinculadas a la libre asociación y a la
producción de imágenes interiores.
Rosado
plantea, en cambio, una premisa de naturaleza distinta:
toda
creación nace de la conciencia.
Esta
afirmación no es un detalle secundario. Constituye una verdadera frontera
epistemológica entre el surrealismo clásico y el Surrealismo Abstracto
Visionario.
En el
primer caso, el artista procura reducir el control consciente para permitir que
aparezca aquello que se encuentra oculto. En la concepción de Rosado, el
artista no necesita abdicar de su conciencia para crear: es precisamente
desde la conciencia que comienza el proceso creador.
Por ello,
el automatismo surrealista y el Surrealismo Abstracto Visionario no son, en
sentido estricto, mecanismos equivalentes.
Uno busca
la liberación de la producción psíquica mediante la disminución del control
consciente.
El otro
busca la liberación de la conciencia mediante la expansión de sus
capacidades imaginativas.
Esta
diferencia podría resumirse de manera esquemática:
La
diferencia parece pequeña en una fórmula, pero es enorme desde el punto de
vista filosófico.
II. La conciencia como matriz de la obra
El gran
desplazamiento teórico de Rosado consiste, entonces, en dejar de considerar la
conciencia exclusivamente como una instancia represora de la imaginación.
En la
tradición surrealista, la razón consciente podía aparecer como una estructura
que limitaba la libertad creadora. De allí la búsqueda de procedimientos
destinados a debilitar su vigilancia.
Rosado
invierte el planteamiento.
Para él, la
conciencia puede ser precisamente el espacio desde el cual la imaginación
adquiere una libertad superior.
La
conciencia ya no constituye necesariamente una frontera; puede convertirse en
un territorio expansivo.
Esta idea
permite comprender mejor el concepto de “visionario”. El visionarismo de Rosado
no debe interpretarse simplemente como una recepción pasiva de imágenes
procedentes de una zona inconsciente. La visión puede ser producida por una
conciencia que imagina, relaciona, transforma, abstrae y proyecta.
El
artista visionario no es, por tanto, únicamente quien “recibe” imágenes: es
quien construye posibilidades de realidad a través de una conciencia
creadora.
De ahí
que el manifiesto pueda desplazarse desde la representación de lo onírico hacia
territorios cósmicos, metafísicos, espirituales y abstractos. El propósito ya
no consiste solamente en descubrir aquello que permanece oculto en el
individuo, sino en imaginar aquello que todavía no posee una forma
convencional dentro de la realidad visible.
La
imaginación adquiere así una función ontológica: no solamente reproduce el
mundo, sino que puede proponer otros mundos.
III. La ruptura con el automatismo es también una
ruptura con la pasividad creadora
Esta
cuestión merece especial atención.
Si toda
creación nace de la conciencia, entonces el artista no ocupa una posición
pasiva frente a la obra. No espera que el inconsciente produzca espontáneamente
una imagen para después registrarla. El creador participa activamente en la
generación de la forma, del símbolo, de la estructura y del significado.
Esto
explica el énfasis del manifiesto en la libertad creativa.
Pero se
trata de una libertad diferente.
No es la
libertad entendida como abandono del control consciente; es la libertad
entendida como capacidad consciente de superar los límites establecidos.
El
artista puede utilizar la conciencia para construir asociaciones imposibles,
espacios inexistentes, símbolos inéditos, realidades cósmicas y estructuras
abstractas.
En
consecuencia, la conciencia deja de ser solamente racionalidad.
Puede
contener:
- imaginación;
- intuición;
- memoria;
- percepción;
- asociación;
- pensamiento simbólico;
- visión;
- sensibilidad;
- proyección;
- trascendencia.
Esta
concepción permite comprender por qué el manifiesto insiste en la imaginación
ilimitada, la libertad creativa y la trascendencia de la realidad.
El
objetivo no sería escapar de la conciencia, sino ensancharla hasta convertirla
en una plataforma de creación.
IV. De la realidad visible
a las realidades posibles
El
Surrealismo Abstracto Visionario de Rosado se articula alrededor de una
voluntad de trascender la realidad inmediata. El libro plantea la exploración
de lo tangible y lo intangible, lo visible y lo invisible, lo cósmico y lo
metafísico.
Esta
propuesta tiene una consecuencia estética decisiva: la obra deja de estar
obligada a representar aquello que existe objetivamente.
La
pintura puede representar una realidad interior.
Pero
también puede representar una realidad imaginada.
Puede
representar una posibilidad.
Puede
representar un símbolo.
Puede
representar una experiencia metafísica.
Puede
incluso representar aquello que todavía no posee existencia material.
Aquí la
abstracción deja de ser únicamente una eliminación de la figura. Se convierte
en una estrategia de expansión de la realidad.
El
artista no abstrae simplemente porque renuncia a representar objetos
reconocibles; abstrae porque pretende acceder a dimensiones que la
representación convencional no puede expresar.
Por eso
el concepto de “visionario” complementa al de “abstracto”.
La
abstracción libera la forma.
La visión
libera el contenido.
Y la
conciencia creadora articula ambos.
V. El manifiesto como
arquitectura de una nueva sensibilidad
El libro
organiza su propuesta alrededor de principios, características, fundamentos,
libertad creativa, imaginación, trascendencia, unión de mundos, evolución,
filosofía y procedimientos de creación.
Esta
estructura revela que Rosado no pretende limitarse a producir obras inspiradas
en una sensibilidad particular. Busca establecer una arquitectura conceptual.
El
manifiesto quiere explicar:
qué es la
corriente;
de dónde
surge;
qué
principios la sustentan;
cómo se
diferencia del surrealismo tradicional;
qué
relación mantiene con la abstracción;
cómo se
vincula con la literatura;
qué
posibilidades ofrece para las artes contemporáneas;
y cómo
podría desarrollarse como práctica creativa.
Estamos,
por tanto, ante una obra programática.
El
manifiesto no dice únicamente “esto es lo que hago”.
Dice,
esencialmente:
“esto es
lo que considero que el arte puede llegar a hacer”.
Ahí
reside su dimensión vanguardista.
VI. Una vanguardia nacida
desde el Perú
Otro aspecto
relevante es la localización de la propuesta.
Rosado
sitúa el nacimiento de su manifiesto en el ámbito peruano, específicamente en
Huanchaco–Trujillo.
Esto
posee una importancia cultural que no debería minimizarse.
La
historia del arte latinoamericano ha estado frecuentemente condicionada por la
necesidad de dialogar con movimientos surgidos en Europa y Norteamérica. Las
categorías de vanguardia, modernidad, posmodernidad, surrealismo, abstracción y
expresionismo han sido muchas veces recibidas desde centros culturales
externos.
El
proyecto de Rosado plantea una operación diferente:
producir
una formulación estética desde el Perú y proyectarla hacia una dimensión
universal.
Su
propuesta no pretende ser simplemente una versión peruana del surrealismo europeo.
Al contrario, busca formular una corriente propia, capaz de incorporar
experiencias culturales, espirituales, naturales y cosmológicas asociadas al
contexto peruano y latinoamericano.
La
biografía incluida en el libro señala, además, sus desplazamientos por diversas
regiones del Perú y su interés por símbolos y códigos provenientes de
comunidades indígenas y amazónicas.
Esta
dimensión permite interpretar su obra dentro de una problemática mayor: la
construcción de una modernidad artística latinoamericana capaz de producir
conceptos propios sin renunciar al diálogo universal.
VII. Del inconsciente al
cosmos
Una de
las ampliaciones más significativas del manifiesto consiste en desplazar el
centro de interés desde el inconsciente individual hacia una concepción mucho
más amplia de la realidad.
El
surrealismo clásico dirigió buena parte de su energía hacia el sueño, el deseo,
el inconsciente, la fantasía y la libre asociación.
Rosado
conserva el interés por lo oculto y lo no visible, pero lo proyecta hacia:
el
cosmos, la espiritualidad, la metafísica, lo intangible, lo universal y lo
visionario.
El
resultado es una ampliación de escala.
El
territorio de exploración deja de ser exclusivamente la mente individual.
Ahora
comprende también el universo.
El ser
humano aparece como una conciencia situada dentro de una realidad mucho mayor.
Por eso
la obra puede ser interpretada como una estética de la expansión: expandir
la conciencia, expandir la imaginación, expandir la imagen y, finalmente,
expandir la idea misma de realidad.
VIII. Una estética de la
conciencia expandida
Aquí
aparece probablemente el concepto más fértil para interpretar todo el
manifiesto:
conciencia expandida.
No debe
confundirse con una conciencia pasivamente alterada.
En
Rosado, la expansión es esencialmente creadora.
La
conciencia se libera de las formas habituales de percepción y comienza a
establecer conexiones entre elementos que normalmente permanecen separados.
La
naturaleza puede conectarse con el cosmos.
El ser
humano puede conectarse con lo metafísico.
La
materia puede relacionarse con lo espiritual.
El
símbolo puede convertirse en puente entre diferentes realidades.
La imagen
puede expresar aquello que el lenguaje ordinario no alcanza.
La
conciencia creadora se convierte, de este modo, en una especie de laboratorio
de realidades.
Y esta
concepción permite comprender por qué la obra insiste en la unión de mundos, la
evolución, la imaginación ilimitada y la trascendencia.
IX. La literatura: cuando
la palabra se convierte en imagen
Una de
las mayores virtudes del manifiesto es que no encierra su propuesta dentro de
la pintura.
Rosado
extiende sus principios a la literatura.
En el
apartado dedicado a la literatura, la palabra aparece concebida como una
especie de pincel y la imaginación como un espacio pictórico. La narrativa
convencional pierde centralidad y adquieren protagonismo la imagen, la
metáfora, la emoción y las asociaciones simbólicas.
Esta
transferencia resulta particularmente significativa.
Si la
pintura puede abandonar la representación literal para ingresar en territorios
visionarios, la literatura puede realizar una operación equivalente.
El
escritor ya no tiene que limitarse a contar.
Puede:
evocar,
sugerir, condensar, fragmentar, transfigurar, asociar, simbolizar y crear
atmósferas.
El
lenguaje deja de ser exclusivamente comunicativo y se convierte en materia
plástica.
La
palabra adquiere volumen imaginativo.
La
metáfora deja de ser un simple recurso retórico y pasa a constituir una forma
de conocimiento.
La
literatura se transforma entonces en una pintura de la conciencia.
X. Una nueva concepción del
lector
Esta
estética también modifica la función del lector.
En una
obra narrativa tradicional, el lector suele seguir una secuencia de acontecimientos,
personajes y espacios.
En la
literatura propuesta por Rosado, la experiencia puede ser mucho más abierta.
El lector
se convierte en intérprete.
La imagen
no necesariamente tiene una única traducción.
El
símbolo puede producir diferentes recorridos.
La
realidad representada puede permanecer deliberadamente ambigua.
Por ello,
el lector deja de ser únicamente receptor.
Se
convierte en co-creador del significado.
El propio
prólogo del libro insiste en la apertura interpretativa y presenta el proyecto
como un territorio situado entre surrealismo, abstracción y poesía visionaria,
donde la imaginación y la intuición desempeñan un papel fundamental.
La
lectura se convierte, de esta manera, en una experiencia de exploración.
XI. Una literatura contra
la linealidad
La
propuesta literaria del manifiesto rechaza la obligación de mantener una
narrativa convencional y lineal. En su lugar, concede especial importancia a la
imagen, la metáfora, la emoción, la experimentación semántica y sintáctica y la
libertad frente a las estructuras tradicionales.
Aquí
puede observarse una consecuencia directa de la teoría de la conciencia
creadora.
Si la
conciencia no está obligada a pensar exclusivamente de manera lineal, tampoco
la literatura tiene por qué reproducir siempre una estructura lineal.
La mente
establece saltos.
Recuerda.
Asocia.
Imagina.
Anticipa.
Relaciona.
Transforma.
La
literatura visionaria puede reproducir esa movilidad sin necesidad de recurrir
al automatismo.
Esta
precisión es fundamental: la ruptura de la linealidad no exige
necesariamente la renuncia a la conciencia.
Rosado
puede defender una literatura experimental sin aceptar que el automatismo sea
el principio de su generación.
Esta es
otra de las razones por las cuales su propuesta merece ser estudiada como una
teoría independiente del acto creador.
XII. El nacimiento
consciente de la literatura visionaria
La misma
lógica se extiende a los textos literarios vinculados al manifiesto.
El libro
registra obras como Delirios Visionarios, El Escriba de la Nada y
Ecos del Alma, fechadas en 1980 y firmadas bajo el pseudónimo Red Boy.
Estas
obras no aparecen simplemente como ejercicios literarios aislados.
Son
presentadas como manifestaciones de la teoría estética.
Por ello,
el valor de estos textos no debería medirse exclusivamente por sus resultados
literarios individuales, sino también por su función dentro del proyecto
general: demostrar que los principios formulados en el manifiesto pueden
convertirse en práctica poética y narrativa.
La teoría
se transforma en escritura.
La
pintura se transforma en literatura.
La
literatura vuelve a transformarse en imagen.
El
sistema adquiere así una naturaleza interdisciplinaria.
XIII. El diálogo entre
pintura y literatura
Una de
las características más contemporáneas del proyecto es precisamente esa
voluntad de borrar las fronteras rígidas entre disciplinas.
Rosado es
presentado como pintor y escritor, y su producción visual y literaria se
plantea como derivación de una misma concepción estética.
Esta
unidad resulta particularmente importante en una época en que las prácticas
artísticas contemporáneas tienden a cruzar soportes, géneros y lenguajes.
El
manifiesto propone una estética donde:
Es
difícil encontrar una formulación más sintética para definir su aspiración
interdisciplinaria.
XIV. La importancia
histórica del año 1980
El año
1980 merece una consideración especial.
El libro
afirma que la propuesta fue concebida en ese momento y posteriormente
manifestada en la práctica artística.
Desde una
perspectiva crítica rigurosa, esta afirmación debe entenderse como la
cronología histórica que el propio autor documenta y reivindica, no como
una prioridad universal ya demostrada por toda la historiografía del arte.
Para
establecer históricamente que el Surrealismo Abstracto Visionario fue una
corriente pionera o anticipatoria respecto de determinadas tendencias
internacionales sería necesario contrastar archivos, catálogos, exposiciones,
publicaciones y testimonios contemporáneos.
Pero
existe una cuestión que puede afirmarse independientemente de esa verificación
externa:
el
manifiesto conserva un valor documental como testimonio de una búsqueda
estética desarrollada por Salvador Rosado desde el contexto peruano.
Y esa
condición es significativa.
La
historia del arte no se construye solamente con los movimientos que alcanzaron
inmediatamente reconocimiento internacional. También necesita recuperar
aquellas propuestas periféricas, regionales o independientes que intentaron
formular alternativas desde otros lugares.
XV. Originalidad: más allá
de la combinación de tres palabras
Decir que
el Surrealismo Abstracto Visionario fusiona surrealismo, abstracción y
visionarismo no basta para explicar su originalidad.
La
verdadera cuestión está en cómo reorganiza esos elementos bajo una
concepción distinta de la conciencia.
No se
trata simplemente de:
surrealismo
+ abstracción + visión.
Se trata
de:
conciencia
+ imaginación + abstracción + visión + trascendencia.
Esta
diferencia convierte la propuesta en algo más complejo que una mezcla estética.
Rosado
pretende construir una teoría del arte en la que la conciencia constituye el
principio generador y la imaginación funciona como capacidad de expansión.
Así, la
abstracción no es solamente formal.
Es
epistemológica.
La visión
no es solamente temática.
Es
creadora.
La
imaginación no es solamente ornamental.
Es generativa.
Y la
conciencia no es solamente racional.
Es
productora de mundos.
XVI. El manifiesto frente
al surrealismo clásico
La
comparación con el surrealismo tradicional adquiere aquí su máxima importancia.
El propio
libro establece una diferenciación explícita entre ambos. Mientras el
surrealismo del siglo XX se relaciona con el inconsciente, los sueños, la
fantasía, la escritura automática y la asociación libre, Rosado plantea una
expansión hacia dimensiones cósmicas, espirituales, metafísicas, invisibles e
intangibles.
Pero debe
añadirse la precisión fundamental:
Rosado no solamente amplía los temas del
surrealismo; modifica su principio de generación.
Este es
probablemente el punto más importante de todo el manifiesto.
Si el
automatismo constituye una de las bases metodológicas del surrealismo clásico,
entonces la afirmación de que toda creación nace de la conciencia
representa una separación teórica decisiva.
La
ruptura no es solamente:
figuración
→ abstracción.
Ni
solamente:
sueño →
cosmos.
Es también:
automatismo
→ conciencia creadora.
Y, en
última instancia:
liberación
del inconsciente → expansión de la conciencia.
XVII. La contemporaneidad
de la propuesta
El
manifiesto adquiere particular interés cuando se lo relaciona con la evolución
posterior de las artes.
El propio
libro propone la utilización de medios como recursos digitales, instalaciones y
performances, junto con una ampliación de los lenguajes visuales y una mayor
apertura hacia influencias espirituales, científicas, filosóficas y
cosmológicas.
Esto
revela una voluntad de pensar el arte más allá de la pintura de caballete.
La
propuesta puede dialogar con una concepción expandida del arte:
obra +
espacio + cuerpo + tecnología + literatura + pensamiento + experiencia.
Pero
existe una diferencia importante: Rosado no parece entender la tecnología como
el centro de la transformación. El centro continúa siendo la conciencia
humana.
La
tecnología puede cambiar el soporte.
La
conciencia cambia la obra.
XVIII. Una filosofía de la
imaginación
El
manifiesto puede ser leído también como un texto filosófico.
Su
pregunta fundamental no es exclusivamente estética.
Es
antropológica:
¿qué
puede llegar a crear el ser humano cuando su conciencia deja de aceptar la
realidad como límite absoluto?
La
respuesta de Rosado parece encontrarse en la imaginación.
La
imaginación no aparece como evasión.
Es una
facultad cognitiva y creadora.
Permite
visualizar lo inexistente.
Relacionar
realidades.
Crear
símbolos.
Explorar
lo intangible.
Imaginar
otros mundos.
Reformular
la experiencia.
De esta
manera, el arte se convierte en una forma de investigación.
El
artista no solamente produce objetos bellos.
Investiga
posibilidades de existencia.
XIX. La dimensión
espiritual y cósmica
Otro elemento
que distingue al proyecto es su apertura hacia lo espiritual, metafísico y
cósmico.
No
estamos ante una concepción exclusivamente psicológica del arte.
La obra
busca una escala mayor.
La
conciencia individual se proyecta hacia el universo.
El
símbolo se convierte en puente.
La
naturaleza adquiere dimensión espiritual.
Lo
intangible puede convertirse en materia artística.
Esta
visión permite comprender el término “visionario” no como simple adjetivo
ornamental, sino como una categoría estética y filosófica.
Visionario
es quien pretende hacer visible lo que todavía no posee visibilidad.
XX. Una estética de la
incertidumbre
El arte
de Rosado no parece aspirar a cerrar completamente el significado.
Su
propuesta deja espacio para el misterio.
Y el
misterio resulta fundamental en una estética basada en la conciencia expansiva.
Cuando
una imagen no tiene una interpretación única, obliga al espectador a
participar.
Cuando un
poema no entrega una explicación definitiva, exige imaginación.
Cuando
una pintura no reproduce una realidad reconocible, obliga a construir otra.
La
incertidumbre deja de ser una carencia.
Se
convierte en método.
El arte
no tiene que explicar todo.
Puede
abrir preguntas.
XXI. El legado en las artes
contemporáneas
Hablar
del legado de una corriente artística exige prudencia.
El
epílogo del propio manifiesto presenta la propuesta como una herencia destinada
a las futuras generaciones y como una invitación a cuestionar las fronteras de
la realidad.
Ese es el
legado que la obra aspira a construir.
El legado
histórico efectivo, sin embargo, depende de la recepción futura, de la
investigación crítica, de la circulación de la obra, de su incorporación a
estudios académicos, exposiciones, antologías y debates artísticos.
En ese
sentido, resulta más riguroso hablar de potencial de legado que de
legado definitivamente consolidado.
Y ese
potencial es considerable porque la propuesta contiene varias líneas de interés
contemporáneo:
- la integración entre pintura
y literatura;
- la experimentación
interdisciplinaria;
- la expansión de la
abstracción;
- la exploración de realidades
no visibles;
- la relación entre arte y
pensamiento;
- la dimensión cosmológica de
la imaginación;
- la incorporación de medios y
soportes diversos;
- y, especialmente, la
concepción de la conciencia como fuente de creación.
XXII. Una posible
contribución a la literatura peruana
En el
terreno literario, la propuesta merece atención porque plantea una poética que
no depende exclusivamente de las estructuras narrativas tradicionales.
La
escritura visionaria puede convertirse en un espacio de experimentación donde
imagen, símbolo, emoción, pensamiento y lenguaje se fusionan.
Esto
coloca al proyecto dentro de una larga tradición latinoamericana de exploración
de las fronteras del lenguaje, pero con una particularidad: Rosado pretende
formular una estética propia que no dependa enteramente de las categorías
históricas existentes.
Su
literatura busca ser simultáneamente:
poética,
pictórica, filosófica, simbólica y visionaria.
El
resultado puede ser leído como una tentativa de construir un territorio
literario propio.
XXIII. Salvador Rosado:
artista y constructor de un sistema
La figura
de Salvador Rosado adquiere así una dimensión particular.
No se
limita a ser un artista que produce obras.
Intenta
construir un sistema estético.
La
biografía del libro lo presenta como pintor y escritor, con formación artística
en talleres privados y estudios en áreas como Computación e Informática, Ingeniería
Civil y Arquitectura, además de experiencias vinculadas a diferentes regiones
del Perú.
Esta
diversidad resulta coherente con la naturaleza interdisciplinaria del
manifiesto.
La
arquitectura puede aportar concepción espacial.
La
informática puede abrir posibilidades tecnológicas.
La
pintura proporciona pensamiento visual.
La
literatura aporta lenguaje.
La
filosofía aporta preguntas.
La
imaginación establece las conexiones.
La
conciencia integra el conjunto.
XXIV. Una vanguardia de la conciencia
Después
de examinar el conjunto, puede proponerse una interpretación más precisa del
movimiento.
El
Surrealismo Abstracto Visionario no sería únicamente una vanguardia de la
imagen.
Sería una
vanguardia de la conciencia creadora.
Esta formulación
permite comprender mejor todas sus partes.
La
abstracción libera la forma.
El
surrealismo aporta la ruptura con la realidad convencional.
El
visionarismo amplía el campo de lo posible.
La
imaginación conecta dimensiones.
La
conciencia origina el acto creador.
La
filosofía proporciona profundidad.
La
literatura traduce la visión en lenguaje.
La
pintura convierte la visión en materia.
El cosmos
proporciona horizonte.
El
resultado es una estética que intenta transformar no solamente la obra, sino la
manera de comprender al artista.
XXV. El derecho del artista
a crear una realidad propia
En última
instancia, el manifiesto puede ser interpretado como una defensa radical de la
libertad creadora.
Pero no
de una libertad entendida como ausencia absoluta de conciencia.
Todo lo
contrario.
Es una
libertad que nace de la conciencia y que consiste en no aceptar que la realidad
visible constituya el límite definitivo de la creación.
El
artista puede imaginar lo imposible.
Puede
deformar lo conocido.
Puede
inventar símbolos.
Puede
crear universos.
Puede
convertir una palabra en imagen.
Puede
convertir una imagen en pensamiento.
Puede
convertir el pensamiento en visión.
Y puede
convertir la visión en obra.
Ese
itinerario constituye probablemente la columna vertebral de la propuesta de
Rosado.
XXVI. Del
automatismo a la conciencia creadora
Manifiesto
Surrealismo Abstracto Visionario debe ser leído, por tanto, como algo más que una
declaración estética. Es un intento de formular una teoría integral de la
creación artística desde una perspectiva que Salvador Rosado sitúa en el Perú y
que pretende proyectar hacia una dimensión universal.
Su
originalidad más profunda no consiste simplemente en haber unido surrealismo,
abstracción y visionarismo.
Su
verdadera singularidad conceptual se encuentra en la modificación del
principio creador.
El
surrealismo clásico buscó en el automatismo una vía para liberar la producción
artística del control consciente. Rosado plantea una dirección diferente: la
creación comienza en la conciencia.
Desde
esta perspectiva, el inconsciente puede formar parte del universo explorado,
pero deja de constituir necesariamente el motor soberano de la creación. La
conciencia no tiene que desaparecer para que aparezca la imaginación. Debe, por
el contrario, expandirse.
Esta
inversión conceptual permite formular la diferencia fundamental:
El
surrealismo clásico buscó liberar al arte mediante la suspensión del control
consciente; el Surrealismo Abstracto Visionario busca liberar la conciencia
mediante la expansión de su capacidad creadora.
De esta
premisa se desprende todo lo demás.
La
abstracción deja de ser únicamente una ruptura con la figura y se convierte en
una posibilidad de representar lo invisible.
La visión
deja de ser solamente una experiencia onírica y se convierte en capacidad de
proyectar realidades posibles.
La
literatura deja de estar obligada a narrar linealmente y puede convertirse en
pintura verbal de la conciencia.
La
pintura deja de limitarse a representar el mundo y puede convertirse en
pensamiento visual.
La
imaginación deja de ser evasión y se transforma en instrumento de conocimiento.
El
artista deja de ser un receptor pasivo de imágenes y se convierte en constructor
consciente de universos simbólicos.
Y el
lector o espectador deja de ser un consumidor de significados para convertirse
en explorador.
Por ello,
el valor histórico y cultural del manifiesto no debería medirse únicamente por
la eventual aceptación inmediata de la denominación “Surrealismo Abstracto
Visionario”. Su importancia radica también en haber intentado formular, desde
una experiencia artística peruana, una teoría de la creación fundada en la
conciencia, la imaginación y la trascendencia de la realidad visible.
El propio
epílogo del libro concibe esta propuesta como una herencia para quienes vendrán
y como una invitación a desafiar los límites de la realidad. Esa aspiración
constituye, precisamente, el desafío crítico del presente: determinar hasta
dónde esta formulación puede incorporarse a la historia del arte y de la
literatura contemporáneos mediante investigaciones, exposiciones, publicaciones
y recepción crítica independiente.
Pero hay
una afirmación que puede sostenerse desde la lectura misma de la obra:
Salvador
Rosado no propone únicamente cambiar la apariencia del arte. Propone cambiar el
lugar desde donde el arte comienza.
Ese lugar
es la conciencia.
Y desde
ella, la imaginación.
Y desde
la imaginación, la visión.
Y desde
la visión, la posibilidad de crear aquello que todavía no existe.
En esa
secuencia reside la apuesta estética, filosófica y literaria más profunda de Manifiesto
Surrealismo Abstracto Visionario.
No se
trata, finalmente, de escapar de la realidad.
Se trata
de afirmar que la conciencia humana posee la capacidad de imaginar otras
realidades y convertirlas en obra.
Ese es el
verdadero núcleo de su propuesta.
Y
también, posiblemente, la razón por la cual este manifiesto merece ser
estudiado no solamente como documento de una experiencia artística individual,
sino como una tentativa de incorporar al debate contemporáneo una pregunta tan
antigua como el propio arte:
¿hasta
dónde puede llegar el ser humano cuando comprende que crear no significa dejar
de ser consciente, sino llevar la conciencia más allá de sus límites conocidos?




No hay comentarios:
Publicar un comentario